lluminati de Baviera



fundada por el alemán Adam Weishaupt, profesor de Derecho Canónico — lo que se ha utilizado recientemente para limpiar su imagen diabólica, como si el haber impartido esa disciplina le hiciera incuestionable- de la Universidad de Ingolstadt, en 1776, como una secta independiente hasta 1780, cuando los Illuminati pretendieron, sin éxito, unificar a toda la Masonería europea bajo su dirección.

Cuatro años más tarde se dispersaron por la Alemania protestante al quedar prohibidas en Baviera las sociedades secretas por decreto del Duque. Una rama, con apoyo masónico, pasó a Francia y otra llegó hasta América, donde, junto a fuertes rechazos, encontró el apoyo de Thomas Jefferson, que en 1800 llegó a calificar a Weishaupt de «entusiasta filántropo»


Adam weishaupt, Iniciado en la logia muniquesa Zur Behusamkeit, («A la Prudencia»), en febrero de 1777.

Ricardo de la Cierva, La Masonería invisible..,. p. 97

Presidentes masones en Estados Unidos en Norteamérica (HARRY TRUMAN LIBRARY * MUSEUM)

La incurable enfermedad de la ética moderna



El anacoreta que se revuelca sobre las piedras en su trance de sumisión es, fundamentalmente, una persona más sana que muchos de esos hombres sensatos que, tocados con sombrero de seda, caminan por Cheapside. Pues muchos de ellos son buenos sólo a través de un desvaído conocimiento del mal. No defiendo en este momento, para el devoto, nada más que esa ventaja primaria; que aunque personalmente se esté debilitando y convirtiéndose en alguien patético, sigue anclando sus pensamientos, en gran medida, en una fuerza y una felicidad gigantescas en una fuerza que carece de límites y en una felicidad sin fin. Sin duda, existen otras objeciones que pueden hacerse, no sin razón, contra la influencia de dioses y visiones en la moral, ya sea en las celdas o en las calles. Pero esa ventaja, la moral mística la tendrá siempre, siempre será más alegre.

Un joven puede mantenerse alejado del vicio pensando sin cesar en la enfermedad También puede mantenerse alejado de él pensando continuamente en la Virgen María. Puede cuestionarse cuál de los dos métodos resulta más razonable, e incluso cuál de los dos es más eficaz. Pero de lo que no puede dudarse es de cuál resulta más pleno.

Recuerdo un panfleto escrito por G.W. Foote, aquel seglar capa y sincero, que contenía una frase que simbolizaba y dividía esos dos métodos con gran agudeza. El panfleto en cuestión llevaba por título La cerveza y la Biblia, ambas cosas muy nobles, y más aún al relacionarlas de un modo que el señor Foote, a su manera seria, de viejo puritano, parecía considerar sardónica, pero que, lo confieso, a mí me resulta apropiado y encantador. No tengo a mano la obra, pero recuerdo que el señor Foote rechazaba con desprecio todo intento de tratar el problema de la bebida a través de oficios e intercesiones religiosas, y afirmaba que la imagen del hígado de un borracho resultaría más eficaz para lograr la moderación que cualquier oración o alabanza.

En esas afirmaciones pintorescas se halla encarnada, a mi parecer, la incurable enfermedad de la ética moderna. En ese templo las luces son tenues, la multitud se arrodilla, se elevan himnos solemnes. Pero lo que se halla sobre el altar, aquello ante lo que todos los hombres se arrodillan, ya no es la carne perfecta, el cuerpo y la sustancia del hombre perfecto; sigue siendo carne, sí, pero está enferma. Es el higado de borracho del Nuevo Testamento lo que se daña ante nosotros, lo que tomamos en recuerdo suyo

HEREJES. G.K. Chesterton

Jesucristo



Cuando un viento fuerte me golpea, recito la oración con mayor atención y bien pronto me siento caliente y reconfortado

Si el hambre se vuelve demasiado insistente, invoco más a menudo el nombre de Jesucristo y ya no recuerdo haber sentido hambre.

Si me siento mal y la espalda o las piernas me duelen, me concentro en la oración y ya no vuelvo a sentir punzada alguna

Cuando alguien me insulta, no pienso más que en la bienhechora oración a Jesús, e inmediatamente la cólera o la pena se desvanecen; me olvido de todo.

Nada me causa pesar, nada me preocupa; nada de lo que es exterior me entretiene o me retiene; quisiera estar siempre en la soledad. Me he acostumbrado a tener sólo una necesidad: recitar sin pausa la oración. Y cuando lo hago, me pongo alegre

RELATOS DE UN PEREGRINO RUSO. Anónimo

El que os recibe a vosotros, a Mí me recibe



Evangelio según san Mateo, 10: 40- 42 «El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquél que me envió. El que recibe al profeta en nombre de profeta, recibirá la recompensa de profeta; y el que recibe al justo en el nombre de justo, recibirá la recompensa de justo. Y cualquiera que diere a beber un vaso de agua fría a uno de estos pequeñitos, tan sólo en nombre de discípulo, os digo en verdad, no perderá su recompensa». (vv. 40- 42)

Al mandar el Señor a sus discípulos a predicar, les enseña a no temer los peligros y a sujetar sus afectos a la fe. Y les había mandado no tener oro, ni llevar dinero en sus cintos, dura posición para los evangelistas. Porque ¿de dónde habían de sacar para sus gastos? ¿De dónde para su sustento? ¿De dónde para cubrir todas las demás necesidades? Por eso El suaviza la dureza de estos mandatos con la esperanza de las promesas, diciéndoles: «El que os recibe a vosotros, a Mí me recibe», a fin de que todo fiel crea que al recibiros a vosotros ha recibido al mismo Cristo

San Jerónimo

El Señor duerme

Hemos pensado especialmente en los sacerdotes. Nuestro corazón sacerdotal ha querido confortarlos, alentarlos. Unidos a todos los sacerdotes, suplicamos: iSeñor, sálvanos, que perecemos! Mientras estalla la tempestad, el Señor duerme. Parece abandonarnos al oleaje de la duda y el error. Estamos tentados de perder la confianza. Desde todas partes, las olas del relativismo azotan la barca de la Iglesia. Los apóstoles tuvieron miedo. Su fe se enfrió. A veces también la Iglesia parece tambalearse. En medio de la tempestad vaciló la confianza de los apóstoles en el poder de Jesús. Estamos viviendo ese mismo misterio. No obstante, sentimos una profunda paz, porque sabemos que es Jesús quien guía la barca. Sabemos que nunca se irá a pique. Creemos que solo ella puede conducirnos al puerto de la salvación eterna. Sabemos que Jesús está ahí, con nosotros, dentro de la barca. Queremos reafirmar nuestra confianza en Él y nuestra fidelidad absoluta, plena, incondicional. Queremos volver a pronunciar ese gran <sí> que le dijimos el día de nuestra ordenación. Ese <sí> absoluto nos lo hace vivir a diario nuestro celibato sacerdotal. Porque nuestro celibato es una declaración de fe.Es un testimonio, ya que nos introduce en una vida que solo tiene sentido en Dios. Nuestro celibato es testimonio, es decir, martirio. El término griego posee ambos significados. En medio de la tempestad, nosotros, los sacerdotes, hemos de volver a afirmar que estamos dispuestos a perder la vida por Cristo. Día tras día, damos ese testimonio con el celibato mediante el cual entregamos nuestra vida. Dentro de la barca Jesús está dormido. Pero si vencen las dudas, si nos da miedo poner en Él nuestra confianza, si el celibato nos hace retroceder, nos arriesgamos a escuchar su reproche: <Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?> (Mt 8, 26).

Texto escrito por el cardenal Robert Sarah Leido y aprobado por Benedicto XVI Ciudad del Vaticano, septiembre de 2019

Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert

Doctrina católica sobre la Trinidad



Cuantos intérpretes catolicos de los libros divinos del Antiguo y Nuevo Testamento he podido leer, anteriores a mí en la especulación sobre la Trinidad, que es Dios, enseñan, al tenor de las Escrituras, que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, de una misma e idéntica substancia, insinúan, en inseparable igualdad, la unicidad divina, y, en consecuencia, no son tres dioses, sino un solo Dios. Y aunque el Padre engendró un Hijo el Hijo no es el Padre; y aunque el Hijo es engendrado por el Padre, el Padre no es el Hijo; y el Espíritu Santo no es ni el Padre ni el Hijo, sino el Espíritu del Padre y del Hijo, al Padre y al Hijo coigual y perteneciente a la unidad trina. Sin embargo, la Trinidad no nació de María Virgen, ni fue crucificada y sepultada bajo Poncio Pilato, ni resucitó al tercer día, ni subió a los cielos, sino el Hijo solo: ni descendió la Trinidad en figura de paloma sobre Jesús el día de su bautismo (Mt. 3, 16); ni en la solemnidad de Pentecostés, después de la ascensión del Señor, entre viento huracanado y fragores del cielo, vino a posarse, en forma de lenguas de fuego, sobre los apóstoles, sino sólo el Espíritu Santo (Hch. 2, 2-4). Finalmente, no dijo la Trinidad desde el cielo: Tú eres mi Hijo (Mc. 1, 1 1), cuando Jesús fue bautizado por Juan, o en el monte cuando estaba en compañia de sus tres discípulos (Mt. 17, 5),* ni al resonar aquella voz: Le he glorificado y lo volveré a glorificar (Jn. 12, 28), sino que era únicamente la voz del Padre, que hablaba a su Hijo, si bien el Padre, el Hijo y ni Espíritu Santo sean inseparables en su esencia y en sus operaciones. Y ésta es mi fe, pues es la fe católica

De Trinitate.  Agustín de Hipona

El secuestro de la idea de progreso



Es durante el siglo 18, el Siglo de la Ilustración, que la idea de progreso comienza a posicionar, no al universo sino al ser humano como principal sujeto y objeto de estudio. Este enfoque antropocéntrico marca el gran quiebre entre fe y razón y acelera el proceso de secularización en Europa. Durante este siglo, que por convención histórica marca el inicio de la modernidad los escritos sobre el progreso se inspiraron en las obras aportadas durante la Revolución Científica. Durante este período, Europa experimentó un notable desarrollo científico, especialmente en los campos de la física, astronomía y matemática y esto generó un gran optimismo en las capacidades del hombre para descifrar los misterios de la naturaleza. Filósofos notables como Bernard de Mandeville (1670-1733) y David Hume resaltaron el carácter acumulativo del conocimiento científico y concluyeron que era imperativo progresar. De esta manera, el progreso gradualmente dejó de ser un medio para convertirse en un fin

Sobre la base de los argumentos elaborados por Fontenelle y otros modernos, los ilustrados concluyeron que mientras más sepamos, mejor estaremos y que por lo tanto, el presente siempre será superior al pasado. Bajo esta supuesta superioridad, poco ganamos mirando hacia el pasado y bien hacemos en mirar hacia el futuro. Salvo la creciente indiferencia por el pasado, los ilustrados no descubren nada nuevo. Simplemente elaboraron sobre los aportes de Agustín de Hipona quien orientó la mirada del progreso hacia el futuro. La diferencia entre el cristianismo y la Ilustración con respecto a la orientación del progreso radica en que los segundos migraron su posición desde la comparación hacia la predicción. El progreso deja de tener un norte definido, y si antes era concebido como consecuencia ahora es transformado en causa. Este giro es clave ya que sigue siendo la base de orientación del progreso de nuestros días. Va surgiendo así una constante necesidad de cambio y una creciente idolatría por lo nuevo. Las cosas son mejores simplemente porque son nuevas y esta mentalidad se consolida como otra gran obsesión de la modernidad.

Neo entes: Tecnología y cambio antropológico en el siglo 21. Miklos Lukacs de Pereny

Oración

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte

Evangelio

San Lucas 7:11-16
A continuación se fue a una ciudad llamada Naín. Iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; la acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: «No llores.» Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

Palabra del Señor

Padres apostólicos CLEMENTE DE ROMA año 95 A.D.

Padres apostólicos
CLEMENTE DE ROMA año 95 A.D.
EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS

La Iglesia de Dios que reside en Roma a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que son llamados y santificados por la voluntad de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Gracia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso os sea multiplicada por medio de Jesucristo.

1. Por causa de las calamidades y reveses, súbitos y repetidos, que nos han acaecido, hermanos, consideramos que hemos sido algo tardos en dedicar atención a las cuestiones en disputa que han surgido entre vosotros, amados, y a la detestable sedición, no santa, y tan ajena y extraña a los elegidos de Dios, que algunas personas voluntariosas y obstinadas han encendido hasta un punto de locura, de modo que vuestro nombre, un tiempo reverenciado, aclamado y encarecido a la vista de todos los hombres, ha sido en gran manera vilipendiado, Porque, quién ha residido entre vosotros que no aprobara vuestra fe virtuosa y firme? Quién no admiró vuestra piedad en Cristo, sobria y paciente? Quién no proclamó vuestra disposición magnífica a la hospitalidad? Quién no os felicitó por vuestro conocimiento perfecto y sano? Porque hacíais todas las cosas sin hacer acepción de personas, y andabais conforme a las ordenanzas de Dios, sometiéndoos a vuestros gobernantes y rindiendo a los más ancianos entre vosotros el honor debido. A los jóvenes recomendabais modestia y pensamientos decorosos; a las mujeres les encargabais la ejecución de todos sus deberes en una conciencia intachable, apropiada y pura, dando a sus propios maridos la consideración debida; y les enseñabais a guardar la regla de la obediencia, y a regir los asuntos de sus casas con propiedad y toda discreción.

3er papa de la iglesia católica
Interior de la basílica de san Clemente, mártir