San Mateo 12:46-50
Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
Palabra del Señor
La oración de Cristo
Se nos manda aquí orar constantemente. No sólo se declara la utilidad de la oración, sino su inmensa necesidad. Sin ella, la debilidad de la carne nos echa para atrás como la rémora retarda el barco, hasta que nuestras cabezas (sin que importe cuánto deseen hacer el bien) son precipitadas en el mar de la tentación. ¿Qué ánimo está más pronto que lo estaba el de Pedro? Esto enseña cuánta necesidad tenía de la ayuda divina contra la debilidad de la carne. Cuando el sueño le impidió rezar y pedir ayuda a Dios abrió una rendija al demonio que, poco después, se serviría de su flaqueza para embotar los buenos deseos de su corazón y llevarlo hasta la negación de Cristo con perjurio.
Si esto ocurrió a los Apóstoles, hombres que eran ramas verdes llenas de vida, que entraron en tentación por dejar que el sueno interrumpiera su oración, ¿qué ocurrirá con nosotros que, en comparación con ellos, somos ramas secas, al enfrentamos casi de súbito con el peligro? Y me pregunto cuándo no estamos en peligro, porque nuestro enemigo el diablo anda como león rugiente buscando a quien cae por la debilidad de la carne para arrojarse sobre él y devorarlo. En tan grave peligro, me pregunto qué será de nosotros si no seguimos el consejo de Cristo y perseverando en la vigilancia atenta y en la oración.
Manda Cristo estar despiertos no para jugar a las cartas o a dados, ni en borracheras o festines y juergas, ni por el vino o las mujeres, sino para rezar. Advierte que hemos de rezar, no de vez en cuando, sino siempre, sin cesar: Orate sine intermissione. No sólo durante el día (pues no parece sea muy necesario mandar a alguien estar despierto de día), sino que aconseja también dedicar a la oración un rato del tiempo que dedicamos generalmente a dormir. Deberíamos estar avergonzados y reconocer nuestra culpa porque apenas decimos una o dos breves oraciones, y además, medio dormidos y bostezando. Enseña el Salvador que hemos de rezar no para vivir en la opulencia, ni en una rueda de placeres sin fin, ni para que algo horrible ocurra a nuestros enemigos, m para que recibamos honores en este mundo, sino «para que no entremos en la tentación». Desea, de hecho, darnos a entender que todos esos bienes terrenales, o bien pueden sernos a la larga perjudiciales, o de otro modo, son nada en comparación con el beneficio y fruto de la oración. Por eso, dispuso en su sabiduría esta petición al final de la oración que había previamente enseñado a sus discípulos, y que es como un resumen: «y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal».
LA AGONÍA DE CRISTO
Por Santo Tomás Moro
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Diaconado
Había que predicar, decíamos, sin desatender a los más humildes. ¿Cómo hacerlo? La solución llegó pronto con la institución de los diáconos servidores y fue tan acertada que hasta los Papas mismos quisieron tener alguno de confianza a su lado para que ayudase a la Iglesia de Roma, como el caso de San Lorenzo, mártir, originario de España.
Lorenzo había sido nombrado diácono por el papa San Sixto en tiempos de la persecución del emperador Valeriano. Cierto día, sin embargo, el pontífice fue apresado por lo que el diácono corrió a su encuentro para postrarse a sus pies:
– <Adónde vas, oh padre, sin tu hijo?> – dijo el fiel servidor.
– <A ti, hijo mio, te aguardan más rigurosos suplicios, y más gloriosa victoria: anda a repartir a los pobres los tesoros de la Iglesia; porque presto me seguirás como hijo al padre y como diácono al sacerdote>.
Cumplió san Lorenzo enteramente la voluntad del pontífice, y gastó toda la noche en visitar a los pobres y repartirles los cálices, ornamentos y demás vasos sagrados que iban a ser profanados por las tropas del emperador. Al día siguiente, luego de haber cumplido la orden, volvió hasta el lugar de detención y, momentos antes de cumplirse la condena, dijo al Papa:
– <No me desampares, padre santo: ya he cumplido tu mandato distribuyendo los tesoros que me encargaste>. Al oir estas palabras, los verdugos las comunicaron al emperador quien lo mandó llamar: – <Quiero los tesoros de la Iglesia‣ – le dijo. San Lorenzo, pidió un par de días para cumplir con el pedido. Así, luego de recorrer la ciudad de Roma, fue llamando a una gran cantidad de ciegos, cojos, mancos y pobres, a quienes había socorrido y los llevó frente al emperador, diciéndole:
– <Aquí están; estos son los tesoros de la Iglesia>
<Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra». Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás> (Hechos 6,1-5).
El martirio de san Lorenzo (1558), por Tiziano
Luego de ello San Lorenzo fue quemado vivo en el año 258 (Cfr. FRANCISCO DE PAULA MORELL, Flos sanctorum, Santa Catalina, Buenos Aires s/f, 234).

Pura y sin mancha
Evangelio según san Mateo, 10: 16- 18 «Mirad yo os envío como a ovejas en medio de los lobos; sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os harán comparecer en sus asambleas, y os azotarán en sus sinagogas: os conducirán a los gobernadores y a los reyes por causa mía, y para que sirváis de testimonio a ellos y a las naciones». (vv. 16- 18)
A fin de evitar con la prudencia las emboscadas y con la sencillez el mal. Y pone por ejemplo a la serpiente, porque este animal, con objeto de defender su cabeza, donde tiene la vida, la oculta con todo su cuerpo; de la misma manera debemos nosotros proteger aun con peligro de todo nuestro cuerpo a nuestra cabeza, que es Cristo, esto es, debemos conservar pura y sin mancha nuestra fe
San Jerónimo

Dios, ¿es o no es uno en grado Sumo?
In Sent, 1 d.24 q.1 a.1; In De Div. Nom. c.1 lect.2; c.13 lect.3
Objeciones por las que parece que Dios no es uno en grado sumo:
1. Se dice uno a la privación de división. Pero esa privación no admite el más y el menos. Luego no puede decirse que Dios sea uno más que cualquier otra cosa que sea uno
2. Más aún. Parece que nada hay más indivisible que aquello que es indivisible en acto y en potencia, como el punto y la unidad. Pero se dice que algo es tanto más uno cuanto más divisible es. Luego Dios no es uno más que la unidad y el punto
3. Todavía más. Lo que es bueno por esencia es bueno en grado sumo; por tanto, lo que es uno por esencia es uno en grado sumo. Pero todo ser es uno por esencia, como nos consta por el Filósofo en IV Metaphys.’ Luego todo ser es uno en grado sumo Así, pues, Dios no es uno más que otros seres.
En cambio está lo que dice Bernardo: Entre todos los seres que son uno, la cúspide la ocupa la unidad de la divina Trinidad.
Solución. Hay que decir: Como quiera que el uno es el ser indiviso, para que algo sea uno en grado sumo es necesario que sea ser e indiviso en grado sumo, Ser ambas cosas le corresponde a Dios. El es ser en grado sumo, pues su ser no está determinado por una naturaleza que lo reciba, sino que es el mismo ser subsistente y por nada determinado. También es el más indiviso en cuanto que no se divide en acto y en potencia, ya que no admite ningún tipo de división puesto que es absolutamente simple, como quedó demostrado (q:3 a.7). Por todo lo cual resulta evidente que Dios es uno en grado sumo.
Respuesta a las objeciones:
1. A la primera hay que decir: Aun cuando la privación en cuanto tal no admite más y menos, sin embargo, en la medida en que su contrario sea mayor o menor, se dice que la privación es mayor o menor Por eso, en la medida en que un ser está más dividido o es más divisible, o lo esté menos, o de ningún modo sea divisible, decimos que es uno más, menos, o en grado sumo.
2. A la segunda hay que decir: Ni el punto ni la unidad, principio numérico, son seres en grado sumo, porque tienen ser sólo en algún sujeto. Por eso, ninguno es uno en grado sumo. Ya que, así como el sujeto no es uno en grado sumo por la diversidad existente entre accidente y sujeto, así tampoco el accidente.
3. A la tercera hay que decir: Aun cuando todo ser sea uno por su sustancia, sin embargo, no todas las sustancias causan de igual modo la unidad, porque la sustancia de algunos está compuesta de muchos elementos, y la de otros, en cambio, no.
Summa theologiæ, Thomas Aquinos
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Alfonso María de ligorio

Oración
¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal. Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado. Ejerce sobre mí todos tus derechos. Renuevo las promesas de mi bautismo, renunciado a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometo vivir como buen cristiano
Evangelio
San Mateo 7:15-21
«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis. «No todo el que me diga: `Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Palabra del Señor

Dios, ¿es o no es uno?
q.103 a.3; In Sent. 1 d.2 a.1; 2 d.1 q.1 a.1; Cont. Gen- tes I 42; Compend. Theol, c.15; De Pot. q:3 a.6; In De Div. Nom. c.13 lect.2.3: In Phys. 8 lect.12: In Me- taphys. 12 lect.12.
Objeciones por las que parece que Dios no es uno:
1. Dice 1 Cor 8,5: Muchos son los dioses y muchos los señores.
2. Más aún. El uno, principio numérico, no puede ser atribuido a Dios, pues a Dios no se le atribuye ninguna cantidad. Tampoco se le puede atribuir el uno idéntico al ser, porque implica privación, y toda privación es imperfección, no aplicable a Dios. Luego no se puede decir que Dios sea uno,
En cambio está lo que dice Dt 6,4: Escucha, Israel, el Señor tu Dios es uno.
Solución. Hay que decir: Dios es uno Se demuestra de tres maneras.
1) Primera, Por Su simplicidad. Es evidente que aquello por lo cual algo es esta cosa, de ningún modo es transmisible a muchos. Ejemplo: Aquello por lo que Sócrates es hombre, se puede decir de muchos; pero aquello por lo que es este hombre, sólo se puede decir de uno. Si aquello por lo que Sócrates es hombre fuera también aquello por lo que es este hombre, asi como no puede haber muchos Sócrates, así tampoco podría haber muchos hombres. Esto es lo que le corresponde a Dios, pues el mismo Dios es su naturaleza, como quedó demostrado (q:3 a.3). Por lo cual dios y este Dios son el mismo. Así, pues, resulta imposible que haya muchos Dioses.
2) Segunda, por la infinitud de su perfección. Quedó demostrado (q:4 a.2) que Dios contiene en sí mismo toda la perfección del ser. Si hubiera muchos dioses, entre ellos debería haber diferencia. Algo le correspondería a uno que no tendría otro. Y si este algo fuese la privación, no sería absolutamente perfecto. Y si este algo fuese la perfección, a otro le faltaría. Luego es imposible que haya muchos dioses. De ahí que los antiguos filósofos, impulsados por esta misma verdad, al establecer un principio infinito, establecieron un solo principio.
3) Tercera, por la unidad del mundo. Todo lo existente está íntimamente ordenado, ya que unas cosas sirven a las otras. Las cosas diversas no convergerían en un orden a no ser que fueran ordenadas por uno. Pues lo múltiple se coordina mejor dentro del orden que establece uno al que establecen muchos ya que el uno es causa de unidad, mientras que lo múltiple lo es sólo accidentalmente, esto es, en cuanto de algún modo es uno. Así pues, como quiera que aquello que es primero es, en cuanto tal, lo más perfecto y no accidentalmente, es necesario que lo primero a lo que se reduce todo en un orden sea uno solo. Y esto es Dios.
Respuesta a las objeciones.
1. A la primera hay que decir: Se habla de muchos dioses por referencia al error de aquellos que daban culto a muchos dioses, pues sostenían que los planetas y otras estreIlas, o también las distintas partes del mundo eran dioses. De ahí que el texto aquel siga diciendo (v.6): Para nosotros no hay más que un Dios, etc.
2. A la segunda hay que decir: El uno, en cuanto principio de número, no es atribuible a Dios, sólo a lo que tiene su ser en la materia. Pues el uno que es principio numérico, es del género matemático, que tiene su ser en la materia, si bien se conceptualiza partiendo de la abstracción de la materia. Por su parte el uno que es idéntico al ser es metafórico, que, en cuanto tal, no depende de la materia. Y aunque en Dios no hay ningún tipo de privación, sin embargo, por nuestro modo de entender, no le conocemos más que haciendo uso de la privación y de la negación. De ahí que nada impida que se atribuyan a Dios realidades privativas, como, por ejemplo Ilamándole incorpóreo, infinito. De la misma manera se dice que Dios es uno
Summa theologiæ, Thomas Aquinos
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Vida
