La iglesia nos manda, pues a creer, que Nuestro Señor en la última Cena, no solamente transubstancia el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre, sino que además los ofreció a Dios Padre, e instituyó así el sacrificio del Nuevo Testamento en su propia persona, ejerciendo de esa manera su ministerio de Sacerdote, según el orden de Melquisedec. La Sagrada Escritura dice: Melquisedec, rey de Salem ofreció pan y vino, porque era sacerdote del Todopoderoso, y bendijo a Abraham». En verdad, el texto no dice expresamente que Melquisedec haya ofrecido sacrificio a Dios; pero desde el principio, la Iglesia lo ha comprendido así, los Santos Padres lo interpretaron de esta manera y David lo afirmó diciendo: El Señor lo ha jurado, y no será perjuro: Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec. Que Melquisedec y Nuestro Señor han sacrificado verdaderamente, lo deducimos de lo que dice San Pablo «Todo pontífice está establecido para ofrecer dones y víctimas» Hebreos 8,3
