La diosa razón ilustrada y perdida de los conceptos originales


(¿Adrede o espontáneo?)

La Razón era un fundamento ciertamente fuerte para religar a la sociedad; y más fuerte todavía si entendemos que el poder de la Razón estriba en descubrir los misterios de la Naturaleza con fines instrumentales y transformadores. Esta se convirtió, así, en un principio ordenador moderno racionalmente aprehensible. Además, en tanto que origen de la democracia moderna, la Revolución Francesa postuló al Pueblo, a su vez, como fundamento del orden político naciente. Chaumette, por ejemplo, muy próximo a Fouché, sostenía:

«El pueblo ha dicho basta de sacerdotes, basta de otros dioses que no sean los de la Naturaleza».

El ya citado Momoro añadía:
«Que la Naturaleza reciba aquí nuestro homenaje. Ella lo es todo para nosotros. […] Ofrezcamos sacrificios a la Naturaleza, a la Libertad, este es nuestro culto».

Al año siguiente de la toma de la Bastilla, se levantó en la Plaza de la Bastilla una estatua de la diosa egipcia Isis, mientras Hérault de Séchelles oraba:

«¡Oh Naturaleza, señora de los salvajes y de los pueblos ilustrados!, este inmenso pueblo congregado delante tuyo a los primeros rayos del sol matinal, es digno de ti, es libre. En tu seno, en tu sagrado manantial ha hallado de nuevo sus derechos y su renacimiento».

Lo mismo sucede con otros términos, algunos ya mencionados. Desnaturalizados, por ejemplo, los términos tradicionales de «nación» y «pueblo», terminan siendo secuestrados: dejan de referirse a los conceptos originales, pero evocan los sentimientos que pertenecían a aquellos, y el fenómeno es dirigido ab initio. En su acepción originaria, una nación era una comunidad etno-cultural cuyos miembros se veían unidos desde su nacimiento por lazos familiares, por una historia común y una misma lengua. No se trataba de regiones enormes administradas por los Estados nación, que solo ofrecen a un público anónimo y mudable (su «pueblo nacional») unas ciertas instituciones públicas y ordenamientos legales. Los pueblos originarios (valga el correcto uso del término), todavía más refieren a un concepto geográfico-histórico local en el sentido por el cual el mismo término de pueblo surgió. Contrastan, así, con su actual uso meramente instrumental, que es promovido por los mismos Estados nación para generar una cohesión a posteriori y una ilusión de cohesión cultural significativa: una ilusión basada precisamente en la imagen de la realidad perdida de una cohesión orgánica de entramados familiares y comunitarios basados en vínculos personales.

Incluso el término Estado ya nada tiene de relación con su uso original espontáneo, pero conserva una sensación de pertenencia y seguridad que no le es propia. Estado significaba el estamento al que se pertenecía, un orden social, o las reglas del dominio de un rey sobre un territorio. Cuando se desplaza hacia una definición realista de Estado, se siente que la palabra «Estado» transmite algo muy distinto que no está en la definición. En el caso de «Estado» (usado además con mayúsculas) la relación entre el término actual y su progenitor, directamente se desvanece. Por desgracia, cuando esto sucede, las palabras pasan a ser material de estudio para una etimología que no debería quedarse en la arqueología del lenguaje, sino que analizara las consecuencias de la transvaloración conceptual en la trampa de la resignificación: en este caso, la funcionalidad política que la Ilustración ha dado a ciertos términos convertidos a la fuerza en hipóstasis parásitas de sus homónimos precedentes.

Razón, Naturaleza, Pueblo. Las batallas culturales de la modernidad han girado generalmente en derredor de estos fundamentos; han disputado, en suma, sus contenidos específicos y sus atribuciones.


Sáenz, La nave y las tempestades, p. 357

Sebastián Javier Fernández, «Las revoluciones hispánicas. Conceptos, metáforas y mitos», en Roger Chartier et al., La Revolución francesa: ¿matriz de las revoluciones? (México D. F.: Universidad Iberoamericana, 2010), pp. 136-147.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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