Las obras de la Iglesia hacia los más necesitados nunca han sido discutidas por los historiadores de fuste, pues desde un principio la Barca de Pedro hizo su <opción por los pobres>; una opción preferencial no en clave marxista, es decir, no haciendo una dialéctica entre pobres ricos, sino al contrario: viendo en ambos un modo de santificarse. Tan pobre es el rico como pobre es el pobre, pues la única riqueza es Cristo. Sin embargo, supo la Esposa de Cristo, mostrar el amor hacia el prójimo por medio de las obras de misericordia; obras de misericordia que son materiales (dar de comer al hambriento, de beber al sediento, etc.) y espirituales (enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, etc.). Por qué será que al mundo moderno le impactan más las primeras que las segundas? Por su materialismo; es por eso, creemos, que suele considerarse más <bueno> quien da un pedazo de pan que quien predica la Verdad que salva. La cuestión está en que la Iglesia hizo una cosa y la otra, y no una cosa sin la otra. Obró la caridad completa; pero como más nos impactan las obras materiales, vayamos a ellas.
Por ejemplo, los hospitales: Bien señala Woods que el debate sobre si existieron en Roma y Grecia los hospitales como hoy los conocemos, continúa aún abierto; es cierto que, antiguamente, existían los lugares destinados al cuidado de los enfermos, sin embargo, éstos sólo se hallaban en el ámbito de la salud militar, es decir, para la cura de los soldados heridos en combate; la población civil entonces, quedaba fuera. Fue la Iglesia la que, recién alrededor del siglo IV, comenzó a patrocinar la creación de los hospitales de tal suerte que, cada ciudad contase con un centro de salud propio que albergase a los enfermos, viudas y huérfanos, tanto locales como extranjeros.Es decir, se preocupó por velar a Cristo en los enfermos. Al respecto, el historiador de la medicina Fielding Garrison observa que, en la antigüedad, <la actitud hacia los enfermos y los infortunados no era de compasión, y el crédito de aliviar el sufrimiento humano a gran escala corresponde enteramente al mundo cristiano>. En Roma, al parecer el primer hospital público conocido, fue obra de una devota cristiana llamada Fabiola quien, para cumplir con una penitencia, comenzó a recorrer las calles en busca de pobres y enfermos que necesitasen su cuidado. < Narices mutiladas, ojos vacíos, pies medio quemados, manos entumecidas, vientres hinchados, caderas atrofiadas, piernas inflamadas y hervideros de gusanos que salían de las carnes comidas y pútridas>, eran algunas de las dolencias que la matrona romana sanaba por caridad, al punto que <Roma quedaba pequeña para su misericordia>, según dice San Jerónimo (Carta 77). Con el tiempo fueron los monasterios los que, además de cuidar la salud espirit ual, eran el lugar obligado para el ejercicio de la caridad de la salud (de allí que todo monasterio poseyese una farmacia).
Señala Risse:
Tras la caida del Imperio romano, los monasterios se convirtieron durante siglos en proveedores de cuidados médicos organizados que no se ofrecían en ninguna otra parte de Europa. Tanto por su funcionamiento como por su ubicación, estas instituciones eran auténticos oasis de orden, piedad y estabilidad, donde la curación podía producirse. Con el fin de cultivar estas prácticas, los monasterios se transformaron también en centros de conocimiento médico entre los siglos V y X, el período clásico de la llamada medicina monástica, y emergieron en el Renacimiento Carolingio del siglo VII como principales centros de estudio y transmisión de los textos médicos antiguos.
Baste recordar que sólo la gran abadía benedictina de Cluny (devastada durante la Revolución Francesa) Ilegaría a atender hasta 17.000 pobres por año
HORACIO BOLÓ, <La ciudad cristiana y el nacimiento de los hospitales> en Diálogo 52 (2009), 59-77
FIELDING H. GARRISON, An Introduction of the History of Medicine, W. B. Saunders, Filadelfia 1914, 118; citado en ALVIN ).
SCHMIDT, Under the Influence, op. cit., 131
HORACIO BOLÓ, op. cit., 65-68
GUENTER B. RISSE, Mending Bodies, Saving Souls: A History of Hospitals, Oxford University Press, Nueva York 1999, 95
SANTIAGO CANTERA, op. cit. , 64.
*Algunos refieren que no fue sino la misma Santa Elena (242-329), madre del emperador Constantino quien habría creado los primeros hospitales cristianos (cfr. SANTIAGO CANTERA, op: cit., 45)
*En la vida de la Santa Hildegarda de Bingen, Doctora de la Iglesia (siglo XI), hay un sinfín de anécdotas en las cuales se narran las muchas curaciones que hacía a los laicos con sus propias medicinas.
La iglesia de los Inválidos de París, muestra de la estrecha relación entre los hospitales y la Iglesia católica.
