Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, míranos, y para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.
Aleluya.
EVANGELIO
Lc 8, 1-3.
Algunas mujeres acompañaban a Jesús y le ayudaban con sus bienes.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él bebía curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
Palabra del Señor
Un hallazgo esperanzador
Una imagen resume una pincelada del Amor del Señor, Agustín de Hipona en sus Confesiones menciona un aspecto que me deja perplejo, hablando sobre Dios y su Omnipresencia, el hace alusión en el conocido pasaje del capitulo II
¿Y cómo habré de invocar a mi Dios y Señor? Porque si lo invoco será ciertamente para que venga a mí. Pero, ¿qué lugar hay en mí para que a mí venga Dios, ese Dios que hizo el cielo y la tierra? ¡Señor santo! ¿Cómo es posible que haya en mí algo capaz de ti?
Porque a ti no pueden contenerte ni el cielo ni la tierra que tú creaste, y yo en ella me encuentro, porque en ella me creaste.
Acaso porque sin ti no existiría nada de cuanto existe, resulta posible que lo que existe te contenga. ¡Y yo existo! Por eso deseo que vengas a mí, pues sin ti yo no existiría. Yo no estoy en los abismos, pero tú estás tambien allí. Y yo no sería, absolutamente no podría ser, si tú no estuvieras en mi. O, para decirlo mejor, yo no existiría si no existiera en ti, de quien todo procede, por el cual y en el cual existe todo. Así es, Señor, así es. ¿Y cómo, entonces, invocarte, si estoy en ti? ¿Y cómo podrías tú venir si ya estás en mí? ¿Cómo podría yo salirme del cielo y de la tierra para que viniera a mí mi Señor pues El dijo: yo lleno los cielos y la tierra?
Esta realidad de la que nos hablar Agustín de Hipona se hace manifiesto en las fotografías que expongo, me encanta la fotografía (nada profesional simplemente la admiración) y como indique esa pequeña pincelada del Amor del Señor, agradezco a ustedes amigos míos su lectura, pero esto exclusivamente para que toda rodilla se doble para dar Honra y el Honor de Nuestro Señor Jesucristo.
La Imagen de hoy fue tomada en el campo de batalla, un soldado en lo encuentra, según comento le alegro el día, a pesar del contexto que estaba viviendo… me recordó a San Agustín por lo que comente anteriormente, y recuerdo que aunque fue producto de la mano del hombre no deja de reconocerse el Amor del Padre que a través de sus Hijos se experimenta en esa Iglesia Militante. y me recuerda:
9 Valen más dos juntos que uno solo,
porque es mayor la recompensa del esfuerzo.
10 Si caen, uno levanta a su compañero;
pero ¡pobre del que está solo y se cae,
sin tener a nadie que lo levante!
11 Además, si se acuestan juntos,sienten calor,
pero uno solo ¿cómo se calentará?
12 Y a uno solo se lo domina,
pero los dos podrán resistir,
porque la cuerda trenzada no se rompe fácilmente. (Eclesiastés (Qohélet) (BPD) 4)
Así que Rodesmir Rodriguez, recuerdo Amor con vergüenza mi pasado, tu amistad y el Amor por mi demostrado, me permitió seguir viviendo en este bello sueño y hermoso llamado del Matrimonio. Reconociendo ahora esa trenza que haz permitido y ha sido la Unión con Dios la que impedirá su ruptura fácilmente.
La Paz de Nuestro Señor este con todos nosotros.

Oracion
A donde iremos Señor, si solo Tu tienes Palabras de Vida Eterna. Ilumina por tanto nuestro camino, no permitas que nos alejemos de ti. Amen
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados por la carga, y Yo os aliviaré, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio
Lc 7, 36-50.
Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: –Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: –Simón, tengo algo que decirte. El respondió: –Dímelo, maestro. Jesús le dijo: –Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: –Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: –Has juzgado rectamente. Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: –¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: –Tus pecados están perdonados. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: –¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer:
–Tu fe te ha salvado, vete en paz.
Palabra del Señor
Oración
Oh Dios, que has puesto al frente de tu pueblo, como abnegados pastores y mártires intrépidos, a los santos Cipriano y Cornelio, concédenos, por su intercesión, fortaleza de ánimo y de fe para trabajar con empeño por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.
Aleluya
EVANGELIO
Lc 7, 31-35.
Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”. Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón».
Palabra del Señor
Oración
Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya
EVANGELIO
Lc 7, 11-17.
¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: –No llores. Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
–¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: –Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.
Palabra del Señor
LAUDATO SI’
Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.
CARTA ENCÍCLICA
LAUDATO SI’
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN