Categoría: Matrimonio

Santa y pecadora

San Lucas prescindió de estas mujeres para presentar inmaculada la serie de la estirpe sacerdotal. Pero la decisión de San Mateo no es sin razón y justicia, puesto que al anunciar la generación de Cristo según la carne, que tomaba sobre sí los pecados de todos, sujeto a los ultrajes y sometido a los sufrimientos, no creyó que pudiera considerarse ajeno a su santidad el rehusar la afrenta de un origen manchado. Tampoco pensó que su Iglesia debiera avergonzarse por estar formada por pecadores, naciendo El de pecadores. Finalmente, para bosquejar ya en sus antepasados el beneficio de la redención y que nadie creyese que la mancha de origen pueda ser impedimento para la virtud, ni se jactase insolentemente de la nobleza de su persona

San Ambrosio, in Lucam, 3

Anticoncepción



Consiste en cualquier modificación introducida en el acto sexual natural, con objeto de impedir la fecundación.

La gravedad de las prácticas anticonceptivas radica principalmente en la desconexión que producen entre el acto sexual y la finalidad natural que le es propia. A través de la anticoncepción, el hombre pretende usurpar el poder de dar vida o no darla, es decir, suplanta a Dios como Creador. Es por ello que la Iglesia ha enseñado sin cesar que la práctica anticonceptiva es pecado grave: “cualquier uso del matrimonio, en el que maliciosamente quede el acto destituido de su propia natural virtud procreativa, va contra la ley natural, y los que tal cometen se hacen culpables de un grave delito”[2], también lo afirma en la Humanae Vitae “Es intrínsecamente deshonesta “toda acción que, o en previsión del acto conyugal o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación

2] Encíclica Casti Connubii, n. 21.
[3] Encíclica Humanae Vitae, n. 7.

Esterilización



A través de una intervención quirúrgica se suprime, tanto en el hombre como en la mujer, la capacidad de procrear; es decir, se privan del don de la paternidad y de la maternidad. Ésta atenta directamente contra uno de los fines del acto conyugal.

Existe la esterilización terapéutica, que es la irremediablemente exigida por la salud o la supervivencia del hombre, y es lícita en bien del todo – la vida- si se dan las siguientes condiciones: que la enfermedad sea grave, que la esterilización sea el único remedio para recobrar la salud o conservar la vida, que la única intención sea la de curar y no la de esterilizar. En otras condiciones, esta práctica no es justificable

La oración



supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable del “combate espiritual” necesario para actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive como se ora

En el combate de la oración debemos hacer frente a concepciones erróneas, a diversas corrientes de mentalidad, a la experiencia de nuestros fracasos. A estas tentaciones que ponen en duda la utilidad o la posibilidad misma de la oración conviene responder con humildad, confianza y perseverancia

Las dificultades principales en el ejercicio de la oración son la distracción y la sequedad. El remedio está en la fe, la conversión y la vigilancia del corazón

La libre interpretación



El Espíritu Santo no puede revelar a una secta una verdad y a otra decirle algo diferente; no puede decir a unos que María fue siempre virgen y a otros que no lo fue; no puede decir a unos que se deben bautizar de pequeños y a otros que el bautismo solo es para los adultos, y etc. El espíritu Santo no se puede contradecir, el enseña la verdad que es una sola. Por ello no pueden existir diversas interpretaciones y enseñanzas sobre la Palabra de Dios; existe una sola y ésta es custodiada por la única Iglesia que Cristo fundó.

“La Iglesia es pilar y fundamento de la Verdad” (1 Tim 3, 15), por tanto, es a ella a quien le corresponde interpretar adecuadamente la Palabra de Dios. Además, Jesús pide unidad en Jn 17,21; con la libre interpretación no se cumple con la Voluntad Divina, pues cada interpretación da pie a una nueva doctrina, y ésta, a una nueva «iglesia». La razón humana individual, al ser limitada, variable y contradictoria, tomando carácter de juez, termina por despojar la Palabra de Dios de su carácter sobrenatural. Por estas razones la Sagrada Escritura no puede ser interpretada por cuenta propia, y esto ya nos lo advertía el apóstol Pedro:

2 Pe 1, 20: “Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura”.

2 Pe 3,16: “En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente -como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura- para su propia perdición”.

Fue la Iglesia quien, bajo la luz del Espíritu Santo, definió el Canon bíblico en el Concilio de Cartago en el año 397, por tanto, con la autoridad con la que definió los libros sagrados, con esa misma autoridad los interpreta. ¿Cómo pueden los hermanos separados creer firmemente en la Sagrada Escritura y dudar de la autoridad que la definió? ¡Absurdo! Dudar de la autoridad de la Iglesia es dudar de la Sagrada Escritura.

Los 3 tipos de oración



El Señor conduce a cada persona por los caminos que Él dispone y de la manera que Él quiere. Cada fiel, a su vez, le responde según la determinación de su corazón y las expresiones personales de su oración. No obstante, la tradición cristiana ha conservado tres expresiones principales de la vida de oración: la oración vocal, la meditación, y la oración de contemplación. Tienen en común un rasgo fundamental: el recogimiento del corazón. Esta actitud vigilante para conservar la Palabra y permanecer en presencia de Dios hace de estas tres expresiones tiempos fuertes de la vida de oración

El verbo se hizo carne



Dios, que ha provisto por mil medios a la curación de las almas, según las necesidades de los tiempos (ordenados por su misma admirable sabiduría), de ningún modo proveyó mejor a las necesidades de la humanidad que cuando su Hijo único, consustancial al Padre y coeterno con El, se dignó asumir todo el hombre: “y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” ( Jn 1,14). De este modo, al aparecer entre los hombres como verdadero hombre, nos ha mostrado cuán alto lugar ocupa entre las creaturas la naturaleza humana

San Agustín, de vera religione, cap.16

Grupos de oración


o “escuelas de oración”, son hoy uno de los signos y uno de los acicates de la renovación de la oración en la Iglesia, a condición de beber en las auténticas fuentes de la oración cristiana. La salvaguarda de la comunión es señal de la verdadera oración en la Iglesia

Evangelios



Sobre el título mismo del Evangelio, la palabra Evangelio se traduce como “buena nueva”, “buena noticia” , lo cual puede decirse sin duda de todo bien que se anuncia. Pero esta palabra significa propiamente el anuncio del Salvador, por lo cual los narradores del nacimiento, hechos, dichos y sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo, se han llamado con toda propiedad Evangelistas

San Agustín, contra Faustum, 2,2

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino