La costumbre de liberar a un preso para la Pascua


Con ocasión de la fiesta de la Pascua, era costumbre, que el pueblo pidiera la liberación de un prisionero: símbolo de la benevolencia romana en sus provincias ocupadas. Aquella solemne celebración recordaba otra liberación, la del pueblo hebreo de Egipto; así lo señala Louis Monloubou: «El privilegio aparece como algo completamente lógico. Era el modo de participación del gobernador romano en la festividad pascual, contribuyendo así a disminuir la tensión político- religiosa, que en aquellos días podía alcanzar niveles preocupantes, y asimismo era una versión de la costumbre romana de rendir homenaje a las divinidades de los pueblos sometidos»[ 76]. Por su parte, Jean Pierre Lémonon reconoce el derecho de gracia concedido al pueblo con ocasión de la Pascua: «era la ocasión para manifestar al mismo tiempo la fuerza del poder de Roma y su clemencia»[ 77].

En la Judea del año 33, existía la costumbre–desde el tiempo de los amorreos- de liberar a un «preso político»; era por entonces el príncipe judío que, para calmar al pueblo venido de la diáspora a la ciudad, daba la libertad a uno indicando con ello un acto de concordia política y pacificando los negocios de quienes lucraban con el Templo[ 78]. Al pasar el tiempo esta práctica había pasado al derecho popular que, Roma respetaría pro bono pacis. Viene al caso recordar, aquí–a fin de seguir con la ilación de los hechos– que el Derecho Romano conocía dos clases de perdón o amnistía: la abolitio, que implicaba la liberación de un prisionero «procesado» aún no condenado, que podía ser ordenada por un funcionario como el procurador de Judea y la indulgentia, que era el indulto de alguien ya condenado y que sólo podía ser otorgado por el emperador, el Senado o los altos funcionarios de aquellas provincias en las que no existía delegación explícita de los órganos imperiales.

No era éste el caso de Pilato que, quien, como prefecto de Judea, era apenas un gobernante de segunda categoría y dependiente del legado de Siria. Pilato estaba por entonces, en condiciones de conceder una simple abolitio aunque el pragmatismo romano hacía que los asistentes a determinados procesos tuviesen en cuenta también las acclamationes o planteos populares en vistas a evitar motines de la masa. Es esto último lo que vemos que sucederá el primer Viernes Santo de la historia al decir de San Marcos: «Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás» (Mc 15,15)

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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