¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
2 vía, consideración

Se le concede a Kant que la noción de causalidad es una categoría a priori de nuestro entendimiento. ¡Pero ello no implica que la causalidad misma sea un puro “concepto subjetivo a priori”! Como hemos demostrado en la respuesta a la primera objeción, esta se constituye como algo objetivo de la realidad. Por tanto, desde una visión teísta -que es la que Kant pretende internamente refutar “para dar espacio a la fe” (13) – es más correcto decir que el concepto de causalidad es una “categoría a priori” de nuestro entendimiento no de un mero modo subjetivo (arbitrario) sino de un modo objetivo porque somos seres objetivos con entendimiento que son parte de una realidad objetiva estructurada lógica y causalmente por un Ser con Entendimiento: Dios (14). A su vez, rechazamos el planteamiento de Kant porque, al pretender resolver por medio de la síntesis epistemológica la crítica empirista escéptica desde una postura racionalista dogmática, termina combinando errores de las dos posturas. Clara muestra de ello es su concepción de la “experiencia”. Y es que cuando Kant dice que la experiencia no puede dar lo necesario y universal, lo que en realidad está haciendo es tomar a la pura experiencia sensible despojada artificialmente de la intervención de nuestro entendimiento. En cambio, si nos atenemos a la experiencia humana real nos daremos cuenta de que, en su unión esencial con nuestro entendimiento, ésta sí puede darnos lo necesario y universal haciendo que, como decía Aristóteles, los universales en potencia del mundo sensible se conviertan en universales en acto en nuestra inteligencia abstractiva. De este modo, si bien los sentidos por sí solos, sin la ayuda de la razón, no pueden darnos un conocimiento verdadero del mundo, “los (…) sentidos acompañados del razonamiento” sí pueden darnos dicho conocimiento. ¿Quién dijo esto? ¡Pues nada menos que Galileo Galilei, quien introdujo la observación empírica como paso esencial del método científico! (15). Queda, entonces, evidenciado que la radical separación que hace Kant entre razón y experiencia es irrealista y exagerada y, por tanto, se constituye como una clara falacia de falso dilema. Y lo mismo sucede con la radical dicotomía que hace entre noúmeno y fenómeno cuando en realidad toda percepción (fenómeno) lo es, más allá de su exactitud y/ o fiabilidad particular, siempre a partir de algo real. Ergo, no se puede desligar artificialmente al noúmeno del fenómeno. Es legítima la distinción pero no la separación. Y no solo eso. Como ya decía Copleston en su debate contra Russell, “el hecho de obtener nuestro conocimiento de la causalidad empíricamente de causas particulares, no excluye la posibilidad de preguntar cuál es la causa (universal) de la serie” (16). Y es que es bastante erróneo suponer que una cadena infinita de explicaciones fenomenológicas es satisfactoria sobre la base de que cada miembro es explicado por el anterior. Todavía queda el misterio de porqué existe la cadena. Leibnitz expresó elocuentemente este punto invitándonos a considerar un conjunto infinito de libros, cada uno copiado del que lo antecede. Decir que el contenido de cada libro está por lo tanto explicado es absurdo. Todavía tenemos derecho a preguntar quién es el autor del conjunto. Queda, pues, en pie la segunda vía.


¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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