¿A qué llamaba «intelectuales»?



Clemenceau, que recibió a su vez la réplica de Barrès? En la medida en que arremetía contra esa parte del mundo de la ciencia, las humanidades y las letras que reaccionó con petitorios públicos, desde luego se estaba refiriendo a hombres cultivados. Quizás podría decirse: a aquellos que destacan en la sociedad no por lo que hacen con sus manos, sino por lo que hacen con sus cabezas. Pero en la medida en que su texto refería a «Una protesta», iba dirigido a aquellos que no simplemente acumulan conocimiento, sino que toman acciones públicas a partir de los títulos de sapiencia que ese conocimiento confiere.

La noción de «agruparse en torno a una idea» significa en este contexto tomar parte en el debate social con el objeto de guiar, influir y conducir culturalmente a la sociedad. Estas acciones también subyacen a la noción de élite, que Barrès evoca para sugerir que los así llamados «intelectuales» son, sin embargo, sus «desechos». Comoquiera que sea, el intelectual, con independencia de su efectividad, parece ser alguien que tiene algo para decir respecto de su sociedad, respaldando su discurso en el hecho de que su trabajo en la sociedad es precisamente un trabajo del intelecto.

El intelectual, en tanto que sujeto moderno, no lleva tanto una vita contemplativa, sino más bien una vita activa. Concibe el pensar como un hacer. El intelectual conoce para hacer algo con lo que conoce; al intelectual, además, se le conoce por lo que hace con lo que conoce. Pero ese hacer no es un hacer técnico, sino cultural. El intelectual tiene una función cultural que lo distingue de otros detentadores de saberes.

Caracterizar al intelectual por su función es lo que procuró hacer Antonio Gramsci cuando anotó aquello de que «todos los hombres son intelectuales, podríamos decir, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales»

En efecto, para Gramsci es absurdo pensar que hay tareas que no involucran en ninguna medida el uso del intelecto: «No existe ninguna actividad humana de la que pueda excluirse toda intervención intelectual: no se puede separar al homo faber del homo sapiens»

Antonio Gramsci, Antología. Volumen II (Buenos Aires: Siglo XXI, 2014), p. 392.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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