
Desde la época más temprana la Iglesia universal -aquella que está en todas partes- mira a Roma como a su cabeza, para encontrar la doctrina segura. En los siglos posteriores los grandes nombres de la cristiandad: San Atanasio, San Juan Crisóstomo, San Basilio de Cesárea, San Agustín, San Cirilo de Alejandría, acudían a Roma cuando aparecía alguna dificultad.
San Basilio carta 70 al papa Dámaso para la apelación de atanasio a papá Julio I