Mi salvación, tu salvación


Cualquier trabajo, puede tener valor redentor para otra persona. Según San Pablo, la respuesta es afirmativa. Porque nosotros somos colaboradores de Dios (1 Corintios 3,9). Dios quiso que nosotros cooperamos en su obra redentora. San Pablo continuaba diciendo: Y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia (Colosenses 1, 24). Dios quiso que trabajáramos no solo por nuestra propia salvación (Filipenses 2, 12), sino también que llevaramos los unos las cargas de los otros (Gálatas 6,2) al igual que compartimos el sacrificio redentor de Cristo. Podemos y debemos interceder los unos por los otros para la remisión de los pecados de los demás. Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no lleva a la muerte, que pida y Dios le dará la vida. Esto para quienes cometen un pecado que no lleva a la muerte (1 Juan 5, 16)
La fe es razonable (Scott Hahn)

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