Categoría: Diez mandamientos

Felipenses

2:5  Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:
2:6  El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios
2:7  sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre,
2:8  se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.
2:9  Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre

Santo Sacrificio de la Misa y el Reino de Dios


Con las invocaciones a la alianza, Jesús califica la Última Cena como una comida de renovación de la alianza, al igual que la Pascua era la comida en la que se renovaba la alianza de Dios con Moisés. Cuando los cristianos toman el cáliz eucarístico, reafirman su lugar dentro de la alianza; en la renovada y transformada alianza davídica.


En el Reino renovado, Jesús desea compartir su autoridad. Pero antes corrige la equivocada idea de reinado y de poder que tenían sus discípulos (Lucas 22, 28-30), Les dice: “Yo os preparo un reino, como mi Padre me lo preparo a mi (v. 29). La traducción castellana “preparar” no capta suficientemente el término griego. La palabra original, diatithemai, quiere decir literalmente “concertar una alianza”. Una traducción más precisa del versículo sería: “Yo concierto con vosotros un reino, como mi Padre concertó uno conmigo, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Lucas 22, 29-30)

Alabar a Dios


Cuando un hombre, fiel a esta doctrina consoladora, dice de corazón: Dios mío, yo os ofrezco la alabanza que vuestro Hijo os tributa en el Altar; este hombre rinde al Todopoderoso, homenajes superiores a los de los ángeles y santos
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

El homosexualismo



Al respecto nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica que «la homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf. Gén 19, 1-29; Rom 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tim 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.» (Catecismo 2357).

Esta tendencia pasó de ser una enfermedad a ser algo ampliamente difundido; a lo largo de la historia, en las diferentes culturas se le ha considerado como una distorsión de la sexualidad, algo que debe ser tratado en las personas, incluso, como algo que degenera la sociedad. Hasta 1970, la Asociación Americana de Psicólogos, en Estados Unidos, tuvo una clara concepción de la homosexualidad como una patología que se debía tratar. Sin embargo, los grupos homosexuales empezaron a hacer presión y empezaron a forzar y a violentar ideológicamente a los Asociación Americana de Psicólogos para que sacara la homosexualidad de la lista de patologías; en 1973, a través de un fuerte boicot, lo lograron. Esto a pesar de que la tradición de la psicología, incluyendo al mismo Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, la ha considerado como una patología.

Cromosómicamente somos hombre o mujer, es decir, la sexualidad de la persona está inscrita en su naturaleza, y esto se manifiesta en su anatomía y en su psicología, en todo su ser. No existe un gen homosexual, no se ha comprobado que su origen sea genético. La sociedad se ha construido y cimentado sobre la relación entre hombre y mujer, y ésta le ha dado estabilidad, ha permitido la propagación de la especie a través de la generación de nuevas vidas, las cuales a su vez, han tenido, en esta relación matrimonial, un ambiente apto y propicio para su desarrollo y educación. No pasaría lo mismo si empezamos a redefinir esta unión, esto, tarde que temprano generaría desequilibros en la sociedad y pasaría la cuenta de cobro

Sacerdote hereje alemán

La ideología de género



Las feministas promotoras de la ideología de género, como Simone de Beauvoir, enseñan que para acabar con la diferencia entre hombre y mujer, hay que acabar completamente con la distinción entre lo femenino y lo masculino, entre hombre y mujer, es decir, ya no hablamos de sexo porque está ligado a lo biológico, sino de género. Entonces, según ella, la mujer no nace sino que se hace; de igual manera, el hombre no nace sino que se hace; es decir, el género es una construcción cultural, algo que se aprende, no algo que está inscrito en la naturaleza del ser humano: “tú te comportas como hombre porque en la casa y a tu alrededor te enseñaron a comportarte así, no porque lo seas por naturaleza”. Así las cosas, pueden existir hombres con cuerpo de mujer y mujeres con cuerpo de hombre: “No importa que tu cuerpo diga que eres hombre, no importa que tu psicología diga que eres hombre, tu puedes escoger ser mujer, puedes aprender a comportarte como tal”.

La ideología de género se inspira en principios marxistas, según los cuales se lee la historia de la humanidad como una lucha de clases; este mismo principio es aplicado a la relación del hombre y la mujer. El hombre aparece como la clase burguesa, la opresora, y la mujer como el proletariado, es decir, la clase oprimida que debe luchar por liberarse. Desde esta perspectiva, se ve el matrimonio como una institución inventada por el hombre para oprimir a la mujer, y cooperando a ello la maternidad, que se presenta como un yugo más; por ello, la ideología de género busca acabar con el matrimonio, la familia y la maternidad como única manera de liberar completamente a la mujer. Así, esta terrible ideología es una fuerte promotora de grandes atentados contra la vida, la maternidad y la familia, como lo son las técnicas artificiales de reproducción, la anticoncepción, la esterilización y el aborto.

La ideología de género habla principalmente de cinco géneros: heterosexual masculino y heterosexual femenino, homosexual masculino y homosexual femenino, y bisexual, entre otros. Todas estas orientaciones afectivo-sexuales son, según ellos, igual de válidas, y la persona puede escoger la que prefiera. Entonces ya no hablamos de dos sexos, hombre y mujer, sino de múltiples géneros. Por ello la presión que se está ejerciendo en muchos países para que se apruebe el mal llamado “matrimonio homosexual”.

Refiriéndose al tema de la Ideología de Género afirmaba el Papa Benedicto XVI que “la ideología de género es la última rebelión de la criatura contra su condición de tal; con el materialismo el hombre negó su trascendencia, su alma inmortal. Luego, con el ateísmo, el hombre niega a Dios, a un ser superior que está fuera de sí; con la ideología de género -ya el hombre negó su espíritu, su Dios-, niega su cuerpo mismo, su naturaleza. Sin espíritu, sin Dios, sin cuerpo, el hombre se convierte en una voluntad que se autodetermina”.

Es desde esta mentalidad que se intenta una reingeniería de la sociedad, que implica terribles ataques a la familia, a la maternidad, a través de la fuerte promoción del aborto, la anticoncepción, el homosexualismo, etc. Es decir, su resultado es una terrible cultura de la muerte. Y esta va permeando la sociedad a través del lenguaje, la educación, la política, los medios de comunicación, etc. Por ello hay que estar muy atentos ante estas ideas pervertidas y pervertidoras

Santo Sacrificio de la Misa

La mejor manera de alabar a Dios es ofrecerle el Santo Sacrificio del altar, instituido por el Salvador con este fin. Jesucristo en el altar celebra la Divinidad, tanto como merece serlo; lo que ni los ángeles, ni los santos, ni menos los hombres pueden hacerlo

A toda la creación entera:


Daniel

3:57 Todas las obras del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:58 Ángeles del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:59 Cielos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:60 Todas las aguas celestes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:61 Todas los ejércitos del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:62 Sol y luna, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:63 Estrellas celestes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:64 Lluvia y rocío, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:65 Todos los vientos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:66 Fuego y calor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:67 Frío y borchorno, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:68 Rocíos y nevadas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:69 Hielo y frío, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:70 Escarchas y nieves, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:71 Noches y días, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:72 Luz y oscuridad, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:73 Relámpagos y nubes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:74 Bendiga la tierra al Señor, que lo alabe y lo ensalce por los siglos.3:75 Montes y colinas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:76 Plantas de la tierra, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:77 Manantiales, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:78 Mares y ríos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:79 Cetáceos y seres acuáticos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:80 Todas las aves del cielo, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:81 Todas las bestias y ganados, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:82 Seres humanos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:83 Israelitas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:84 Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:85 Siervos del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:86 Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:87 Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:88 Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos. Porque él nos ha rescatado del abismo, nos ha salvado del poder de la muerte, nos ha sacado del horno de llama ardiente, nos ha sacado de en medio del fuego.3:89 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque su misericordia perdura por los siglos.3:90 Todos los que adoráis al Señor, bendecid al Dios de los dioses, alabadlo y dadle gracias, porque su misericordia perdura por los siglos.»

Sufrimiento y la Gloria venidera

Romanos

8:18 Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros.8:19 Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios.8:20 La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza 8:21 de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios

De la fervorosa enmienda en toda nuestra vida

Tienes que esmerarte y dedicarle con esfuerzo a trabajar por Dios, recordando a menudo para qué has sido creado, y para qué has venido al mundo.

No fué para conocer, amar y servir a Dios, y llegar a ser una persona espiritual?

Llénate pues de deseos de progresar en la vida espiritual, pues en breve pronto recibirás el premio de tus fatigas, y en la otra vida ya no habrá dolor ni temor.

21:4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.
(Apocalipsis)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Pasiones humanas



si queréis que os diga mi sentir: cuando os veis afligidos con las adversidades, ¿acaso os quejáis por otro motivo de los tiempos cristianos, sino porque apetecéis tener seguros y libres de temores vuestros deleites, vuestros apetitos, y entregaros a una vida viciosa, sin que en ella se experimente molestia ni pena alguna? Y la razón es obvia y convincente, porque vosotros no deseáis la paz y abundancia de bienes para usar de ellos honestamente, es decir, con sobriedad, frugalidad y templanza, sino para buscar con inmensa prodigalidad infinita variedad de deleites, y lo que sucede entonces es que, con las prosperidades, renacen en la vida y las costumbres unos males e infortunios tan intolerables, que hacen más estragos en los corazones humanos que la furia irritada de los enemigos más crueles

De civitate Dei. Agustín de Hipona 412- 426 DC