El homosexualismo



Al respecto nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica que «la homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf. Gén 19, 1-29; Rom 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tim 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.» (Catecismo 2357).

Esta tendencia pasó de ser una enfermedad a ser algo ampliamente difundido; a lo largo de la historia, en las diferentes culturas se le ha considerado como una distorsión de la sexualidad, algo que debe ser tratado en las personas, incluso, como algo que degenera la sociedad. Hasta 1970, la Asociación Americana de Psicólogos, en Estados Unidos, tuvo una clara concepción de la homosexualidad como una patología que se debía tratar. Sin embargo, los grupos homosexuales empezaron a hacer presión y empezaron a forzar y a violentar ideológicamente a los Asociación Americana de Psicólogos para que sacara la homosexualidad de la lista de patologías; en 1973, a través de un fuerte boicot, lo lograron. Esto a pesar de que la tradición de la psicología, incluyendo al mismo Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, la ha considerado como una patología.

Cromosómicamente somos hombre o mujer, es decir, la sexualidad de la persona está inscrita en su naturaleza, y esto se manifiesta en su anatomía y en su psicología, en todo su ser. No existe un gen homosexual, no se ha comprobado que su origen sea genético. La sociedad se ha construido y cimentado sobre la relación entre hombre y mujer, y ésta le ha dado estabilidad, ha permitido la propagación de la especie a través de la generación de nuevas vidas, las cuales a su vez, han tenido, en esta relación matrimonial, un ambiente apto y propicio para su desarrollo y educación. No pasaría lo mismo si empezamos a redefinir esta unión, esto, tarde que temprano generaría desequilibros en la sociedad y pasaría la cuenta de cobro

Sacerdote hereje alemán

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