María



es la excelente obra maestra del Altísimo, quien se ha reservado para sí el conocimiento y posesión de Ella. María es la Madre admirable del Hijo, quien tuvo a bien humillarla y ocultarla durante su vida, para fomentar su humildad, llamándola mujer (ver Jn 2,4; 19,26) 4, como si se tratara de una extraña, aunque en su corazón la apreciaba y amaba más que a todos los ángeles y hombres. María es la fuente sellada, en la que sólo puede entrar el Espíritu Santo, cuya Esposa fiel es Ella. María es el santuario y tabernáculo de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y maravillosamente que en ningún otro lugar del universo, sin exceptuar los querubines y serafines; a ninguna criatura, por pura que sea, se le permite entrar allí sin privilegio especial.

Digo con todos los santos que la excelsa María es el paraíso terrestre del nuevo Adán (Gn 2,8), quien se encarnó en él por obra del Espíritu Santo para realizar allí maravillas incomprensibles. Ella es el sublime y divino mundo de Dios, lleno de bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, quien ocultó allí, como en su seno, a su Unigénito, y con El lo más excelente y precioso.

¡Oh! ¡Qué portentos y misterios ha ocultado Dios en esta admirable criatura, como Ella misma se ve obligada a confesarlo –no obstante su profunda humildad–: ¡El Poderoso ha hecho obras grandes por mí! (Lc 1,49) El mundo los desconoce, porque es incapaz e indigno de conocerlos

Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. San Luis María Grignion de Montfort, (1.673-1.716)

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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