Es precisamente ahora cuando la Santa Iglesia necesita hijos amorosos e intrépidos que la defiendan de sus enemigos, externos e internos. ¡Dios nos pedirá cuentas!



Alienus factus sum in domo matris meae Para el observador diligente, el panorama se tiñe de tonos apocalípticos. Está en marcha una maniobra para demoler la Santa Iglesia Católica, borrando elementos fundamentales de su constitución divina, de su doctrina y de su moral, haciéndola así irreconocible. Como ya se ha dicho, el cardenal Müller advierte que, aplicadas de forma maximalista, las reformas sinodales, en las intenciones utópicas de algunos promotores, podrían conducir “a la destrucción de la Iglesia Católica”. La más terrible de las destrucciones pues es hecha por manos consagradas que, al contrario, deberían protegerla de todo peligro. Nunca antes había resonado tan clara como hoy la admonición de Paulo VI: “Algunos practican la autocrítica, se diría que hasta la auto-demolición. (…) La Iglesia es golpeada también por quienes de Ella forman parte”. Ante un panorama tan sombrío, muchos católicos se sienten perdidos, desanimados, confusos, perplejos e incluso decepcionados. Y no todos reaccionan adecuadamente. Algunos ceden a la tentación del sedevacantismo: abandonan la Iglesia para volverse autorreferenciales. Otros sucumben a la tentación de la apostasía: abandonan la Iglesia para abrazar otras confesiones. La mayoría se hunde en la indiferencia: abandonan a la Iglesia a su triste destino… ¡Se equivocan de manera flagrante! Amicus certus in re incerta cernitur. Es precisamente ahora cuando la Santa Iglesia necesita hijos amorosos e intrépidos que la defiendan de sus enemigos, externos e internos. ¡Dios nos pedirá cuentas! En lugar de eso, nos preguntamos, como hizo Plinio Corrêa de Oliveira en 1951: “¿Cuántos son los que viven en unión con la Iglesia este momento que es trágico, como trágica fue la Pasión, este momento crucial de la historia en que una humanidad entera está optando por Cristo o contra Cristo?”. Escribía también: “Debemos pensar como la Iglesia piensa, sentir como la Iglesia siente, actuar como la Iglesia quiere que procedamos en todas las circunstancias de nuestra vida. Esto supone (…) el sacrificio de una existencia entera”.11 Un sacrificio que resulta tanto más doloroso si se tiene en cuenta que a muchos altos cargos de la jerarquía eclesiástica no siempre les gusta y, de hecho, a veces lo persiguen con encono. Casi podemos exclamar parafraseando al salmista: Alienus factus sum in domo matris meae – “Me he convertido en forastero en la casa de mi madre” (cf. Sal 68, 9). Sí, alienus, pero todavía in domo matris meae, es decir, en la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, fuera de la cual no hay salvación.

Insegnamenti di Paolo VI, Tipografia Poliglotta Vaticana, vol. IV, 1968, p. 11881189.

Plinio corrêa de oliveira, Via Crucis, Tesoros de la Fe, Lima 2015, p. 19 y 15-16.

José Antonio Ureta. Julio Loredo de Izcue. El proceso sinodal: Una caja de Pandora Título original en italiano: Processo sinodale: Un Vaso di Pandora © 2023, Associazione Tradizione Famiglia Proprietà – Roma

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Publicado por paquetecuete

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