Oración

​Con la armadura de Dios,  resistiremos. El Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo vuestros pies

Ut queant laxis

Es el primer verso del Himno a San Juan Bautista, escrito por el historiador lombardo Pablo el Diácono en el siglo VIII.

Buenos aires

Imagen de Nuestra Señora del Buen Aire en la catedral metropolitana de Buenos Aires, advocación de la que tomó el nombre la ciudad Argentina

Bautismo

La primera «Profesión de fe» se hace en el Bautismo. El «Símbolo de la fe» es ante todo el símbolo bautismal. Puesto que el Bautismo es dado «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19), las verdades de fe profesadas en el Bautismo son articuladas según su referencia a las tres personas de la Santísima Trinidad

Oración

​Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con Espíritu firme

Evangelio

​Aleluya, aleluya.

Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.

Aleluya.
EVANGELIO

Mc 6, 14-29.
Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él. Otros decían: Es Elías.

Otros: Es un profeta como los antiguos. Herodes, al oírlo, decía: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino. Ella salió a preguntarle a su madre: ¿Qué le pido? La madre le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. En seguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Palabra del Señor

Símbolo

El Símbolo se divide, por tanto, en tres partes: «primero habla de la primera Persona divina y de la obra admirable de la creación; a continuación, de la segunda Persona divina y del Misterio de la Redención de los hombres; finalmente, de la tercera Persona divina, fuente y principio de nuestra santificación» (Catecismo Romano, 1,1,3). Son «los tres capítulos de nuestro sello (bautismal)» (San Ireneo de Lyon, Demonstratio apostolicae praedicationis, 100).
Icono que representa al Emperador Constantino y los padres del Concilio de Nicea de 325 con el texto en griego del Símbolo niceno-constantinopolitano del año 381 en su forma litúrgica

Oración

​Llevaron sus padres al niño Jesús al templo. Y llenó el templo la gloria del Señor

Evangelio

​Aleluya, aleluya.

Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

Aleluya.
EVANGELIO

Lc 2, 22-40.
Mis ojos han visto a tu Salvador.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: –Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: –Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor

El Símbolo

En el cristianismo primitivo antes de el Decreto de Milán cuando se perseguía el cristianismo (por el imperio Romano) , estos debían a través de los símbolos resguardarse de ser reconocidos para su exterminio, utilizaban monedas que eran divididas así que al portar una fracción de esta poder ser identificados como Cristianos. Cuando se unían las partes no había duda que estabas delante otro cristiano. Se presentó de la misma manera el símbolo de los apóstoles que era de memoria que al recitarlo se identificaba la misma causa de Cristo. 

Se llama a estas síntesis de la fe «profesiones de fe» porque resumen la fe que profesan los cristianos. Se les llama «Credo» por razón de que en ellas la primera palabra es normalmente : «Creo». Se les denomina igualmente «símbolos de la fe».