San Lucas 10:1-9 Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir Y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: `Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: `El Reino de Dios está cerca de vosotros.’
En Venecia fundó el Ospedale degli Incurabili, un hospital para enfermos incurables.
En el año 1524 fundó la orden de los Teatinos (o Clérigos Regulares) junto con el obispo Juan Pedro Caraffa (1476-1559), que más tarde sería elegido papa con el nombre de Pablo IV
Para paliar las necesidades de los pobres, fundó la organización de beneficencia Monte di Pietà (que posteriormente se convirtió en el Banco de Nápoles), como una alternativa a los usureros
Evangelio según san Mateo, 10: 26- 28 «No les temáis, pues; porque nada hay oculto que no sea revelado, ni secreto que no sea sabido. Decid a la luz lo que os he dicho en la oscuridad, y predicad sobre los más alto de la casa lo que vuestros oídos han oído. Y no temáis a aquéllos que matan al cuerpo, mas no pueden matar al alma, sino antes bien, temed a aquél que puede arrojar al infierno al cuerpo y al alma». (vv. 26- 28)
Luego de la anterior consolación, añade otra no menor, diciendo: «No les temáis»; es decir, a los perseguidores. Y les da la razón de por qué no les deben temer, a saber: «Porque nada hay oculto que no sea revelado»
Jesús, con el corazón lleno de agradecimiento, de rodillas al pie de este lecho de paja, os adoro, bendigo y amo, con todo el fervor de mi alma, y me atrevo a levantar mis ojos hasta mi Dios, que se digna mirarme.
San Mateo 5:1-12 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Dios mío, os ofrezco vuestro querido Hijo, su encarnación, su nacimiento, su dolora pasión; os ofrezco su sudor de Sangre, su coronación de espinas, sus humillaciones, sus sufrimientos, su crucifixión, su muerte cruel, su Sangre preciosa; os ofrezco para vuestra mayor gloria y para la salvación de mi alma, todo lo que vuestro querido Hijo ha hecho, todo lo que ha sufrido, en una palabra, todos los misterios que se verifican en el altar.
Yo que con tanta frecuencia resbalo y caigo en pecado, que tan fácilmente pierdo el fervor y me desanimo y me desaliento, tengo que purificarme, vigorizarme y enfervorizarme con frecuente y perseverante oración, con la confesión y con la comunión de tu Cuerpo Sagrado, porque puede sucederme que si dejo de hacer esto y si me abstengo por mucho tiempo de comulgar, olvide mis propósitos de ser mejor
‘Volvióse de nuevo por segunda vez y rezaba repitiendo las mismas palabras: Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. Regresó una vez más y los encontró dormidos; estaban sus ojos cargados de sueño y no sabían qué responderle. Dejándolos, se retiró a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras: Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» ‘. Volvió de nuevo a la oración, repitiendo la misma que había hecho antes, pero sometiendo todo una vez más a la voluntad del Padre. La petición ha de ser apremiante, pero sin cerrarse ni limitarse a lo que pedimos en concreto. Ha de ser la oración una oración abierta a lo que Dios quiera y con absoluta confianza, pues desea nuestro bienestar no menos que nosotros mismos, y sabe lo que puede hacemos felices mil veces mejor que nosotros
Ha sido un honor y una alegría compartir algunas verdades básicas y esenciales de la fe católica con ustedes a través de esta serie de Cartas Pastorales. Hoy me gustaría discutir la séptima y última verdad que enumeré en mi Carta Pastoral del 22 de agosto de 2023:
Como discípulos de Jesucristo, no estamos llamados a buscar el sufrimiento, pero cuando Dios permite que el sufrimiento entre en nuestras vidas, estamos llamados a aceptar la cruz que Él nos ofrece y abrazar la obra que Dios está realizando en nuestras almas según sea necesario para nuestra purificación y santificación. Aunque era sin pecado, Jesús nos dio un modelo perfecto a seguir: «Ciertamente, no ayudó a los ángeles sino a los descendientes de Abraham; por lo tanto, tuvo que llegar a ser como sus hermanos en todos los sentidos, para poder ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel ante Dios para expiar los pecados del pueblo. Debido a que él mismo fue probado a través de lo que sufrió, es capaz de ayudar a los que están siendo probados». (Hebreos 2:16-18). Jesús lo demuestra bellamente en el Huerto de Getsemaní cuando dice: «Padre mío, si es posible, que esta copa pase de mí; sin embargo, no como yo quiero, sino como tú quieres». (Mateo 26:39). Muchos grandes santos a lo largo de los siglos también han abrazado esta realidad esencial de la cruz en sus vidas y nos han dado un ejemplo de abrazar el sufrimiento.
El Papa San Juan Pablo Il nos dejó una hermosa carta apostólica, Salvifici Doloris, en la que contempla el papel del sufrimiento en la historia de la salvación, incluyendo cómo Nuestra Santísima Madre ejemplifica lo que significa compartir el sufrimiento de Cristo: «… Como testigo de la Pasión de su Hijo por su presencia, y como partícipe de ella por su compasión, María ofreció una contribución única al Evangelio del sufrimiento. Ella realmente tiene un título especial para poder afirmar que «completa en su carne», como ya está en su corazón, lo que falta en las aflicciones de Cristo». (Salvifici Doloris, párr. 25)
Que Dios Todopoderoso te bendiga, y que recibas el fortalecimiento, la sanidad y la perseverancia que Nuestro Señor desea para ti al ofrecerle tus sufrimientos.
Sigo siendo tu humilde padre y siervo,
Reverendísimo Joseph E. Strickland Obispo de Tyler
Pero no sólo los religiosos se han ocupado de Cristo en los pobres
hubo un tiempo, como decía el papa León XIII, en que la <filosofia del evangelio gobernaba los estados> (Immortale Dei, 9). cQué gobernante moderno? A qué presidente actual se lo puede llegar a ver siquiera haciendo lo que los antiguos gobernantes cristianos?
A lo largo de toda la Edad Media se suceden numerosos ejemplos de reyes y reinas y de otros miembros de familias regias de vida especialmente piadosa, muchos de ellos santos, que destacaron también por su caridad con los necesitados
Al final de la Edad Media, un caso singularmente notorio en España fue el reinado de los Reyes Católicos, pues sobre todo la reina Isabel fue una gran promotora de obras benéfico-sociales, tal como veremos en algunos otros puntos (en especial con relación a la renovación hospitalaria), y se destacó por el buen trato hacia los moros vencidos de Granada.Se conocen bien las cuentas de su limosnero, las cuales reflejan la generosidad de la reina. Por otro lado, las medidas de fuerza que ante ciertas circunstancias y revueltas hubo de adoptar, no hacen en realidad sino confirmar su espíritu de justicia y de servicio al bien común de sus reinos y súbditos, quienes le profesaron admiración y afecto sinceros. Del período, hay que recordar también la Sentencia de Guadalupe (1486), otorgada por su esposo Fernando el Católico y que trajo la liberación de la servidumbre de los payeses de remensa catalanes, convirtiéndoles progresivamente en un grupo próspero y estable