Nuestros ojos estarán perpetuamente llenos del deleite mayor que puede procurarles la vista de los más bellos objetos. Nuestros oídos estarán eternamente llenos del placer que aquí les causan las más bellas melodías y dulces palabras. San Francisco de Asís fue recreado en esta vida, en un éxtasis inefable, con un instrumento músico pulsado por un ángel, y creyó morirse de felicidad y de gloria. Nuestro olfato, gusto y tacto estarán perpetuamente gozando el mayor deleite que aquí pueden producirnos sus más gratas impresiones.
“Nos hiciste para ti Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustín).
