Los santos y el Cielo



Si estuviéramos bien convencidos -como lo estaban los santos de que la tierra es el destierro de las almas, un valle de lágrimas y de miserias, un desierto abrasador por el que hay que pasar antes de ir al oasis del Cielo, que es la patria verdadera de las almas, no solamente no temeríamos la muerte, sino que ningún otro deseo nos sería tan querido y familiar. San Pablo deseaba ardientemente ser desatado de los vínculos de la carne para unirse eternamente con Cristo (cf. Fil 1,23), y de igual manera lo anhelaban los santos, porque ellos comprendían lo que verdaderamente era el Cielo y suspiraban por él.

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