La Última Cena y el Reino de Dios

En la última cena, Jesús no entrega a otros su reino. Porque continúa refiriéndose a él como “mi Reino”. Los apóstoles no le sustituyen en ningún modo, aunque puedan compartir su reinado y su sacerdocio. El verdadero propósito de la nueva alianza, dice Jesús, es admitir a los discípulos “a comer y beber a mi mesa en mi reino”. Comparte el ejercicio de la autoridad en su Reino con aquellos con los que comparte su cuerpo, su alianza y su vida. La marca distintiva de esa autoridad es el servicio. Jesús mismo no se queda sentado, sino que sirve a los demás.

El signo del Reino será comer y beber en la mesa del rey. Pero Jesús hace notar que los discípulos están ya – en la Última Cena – comiendo y bebiendo a su mesa. No lo deja para una fecha posterior. La señal del Reino está allí, en presente, en la habitación superior, en el Cenáculo

¿Qué quiere decir esto? Significa que el Reino está ya presente en el alimento y en la bebida eucarística. La presencia del Reino seguirá cuando los apóstoles partan el pan en conmemoración de Jesús. La celebración de la Eucaristía manifiesta el Reino. El Reino y la eucaristía están vinculados estrechamente: el Reino de Dios es un Reino eucarístico.

La fe es razonable (Scott Hahn)

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