María es camino fácil



Es el camino abierto por Jesucristo al venir a nosotros y en el que no hay obstáculo para llegar a Él. Ciertamente se puede llegar a Jesucristo por otros caminos; pero en ellos se encuentran cruces más numerosas, muertes extrañas y dificultades apenas superables; sería necesario pasar noches oscuras, terribles agonías, escarpadas montañas, punzantes espinas y espantosos desiertos. Pero, por el camino de María se avanza más suave y tranquilamente.

Claro que también encontramos rudos combates y grandes dificultades por superar. Pero esta bondadosa Madre y Señora se hace tan cercana y presente a sus fieles servidores, para iluminarlos en sus tinieblas, esclarecerlos en sus dudas, fortalecerlos en sus temores, sostenerlos en sus combates y dificultades, que en verdad este camino virginal para encontrar a Jesucristo, resulta de rosas y mieles comparados con los demás.

Ha habido santos, pero en corto número -como San Efrén, San Juan Damasceno, San Bernardo, San Bernardino, San Buenaventura, San Francisco de Sales, etc- que han transitado por este camino suave para ir a Jesucristo, porque el Espíritu Santo, Esposo fiel de María, se lo ha enseñado por gracia especialísima. Pero los demás santos, que son la mayoría, aunque hayan tenido todos devoción a la Santísima Virgen, no han entrado o sólo muy poco en este camino. Es por ello que tuvieron que pasar por pruebas más rudas y peligrosas.

¿De dónde procederá -me preguntará algún fiel servidor de María-, que los fieles servidores de esta bondadosa Madre encuentran tantas ocasiones de padecer y aún más que aquellos que no le son tan devotos? Los contradicen, persiguen, calumnian y nadie los puede tolerar… o caminan entre tinieblas interiores o por desiertos donde no se da la menor gota de rocío del Cielo. Si esta devoción a la Santísima Virgen facilita el camino para llegar a Jesucristo, ¿por qué sus devotos son los más crucificados?

Le respondo que, ciertamente, siendo los más fieles servidores de la Santísima Virgen, sus preferidos, reciben de Ella los mayores favores y gracias del cielo que son las cruces. Pero sostengo que los servidores de María llevan estas cruces con mayor facilidad, mérito y gloria; que lo que mil veces detendría a otros o los haría caer, a ellos no los detiene nunca, sino que los hace avanzar. Porque esta bondadosa Madre, plenamente llena de gracia y unción del Espíritu Santo, endulza todas las cruces que les prepara, con el azúcar de su dulzura maternal y con la unción del amor puro, de modo que ellos las consumen alegremente como nueces confitadas, aunque en sí sean muy amargas.

Y creo que una persona que quiere ser devota y vivir piadosamente en Jesucristo y, por consiguiente, padecer persecución y cargar todos los días con su cruz, no llevará jamás grandes cruces o no las llevará con alegría hasta el fin, si no profesa tierna devoción a la Virgen María, que es la dulzura de las cruces

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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