Hemos visto que un atributo divino además de la misericordia es su justicia, y si la justicia divina no exigiese que el transgresor de la ley de Dios reciba un castigo por su pecado, no hubiese sido necesario el sacrificio de Cristo en el calvario. Nuestro Señor «ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus llagas hemos sido curados»(Isaías 53,5) precisamente porque aunque es misericordioso también es justo y el pecado del hombre requería una satisfacción.
Y es que es una idea dificil de entender bajo el pensamiento modernista, ya que si Dios es pura misericordia: por qué querría el sacrificio de su propio hijo como pago por nuestros pecados? ¿No hubiese podido perdonar basado exclusivamente en su misericordia?
El error del sacerdote Juan Masiá: , «sólo nuestra pequeñez, la tradición judía de la expiación y las disparatadas interpretaciones míticas -aún de buena fe- pudieron imputar a Dios semejante crimen [El sacrificio de Cristo en la cruz]. Ahora podemos verlo. Y debemos pregonarlo al Pueblo creyente arrepintiéndonos de los ignorantes disparates del pasado».
Error de Jairo del Agua, cuando sostenía que «el dolor de la cruz nunca fue querido ni proyectado por el Padre, fue (y es) la perversión humana la que inventó la injusticia y la tortura, que el Padre tuvo (y tiene) que soportar para no eliminar nuestra libertad asesina.»
el problema es que su forma de razonar contribuye objetivamente con la de ellos ya que es esencialmente la misma: que dado que la naturaleza de Dios es misericordiosa, que no puede querer en ningún modo el castigo, etc. no es posible que Él haya querido que su propio hijo fuese castigado por nuestros pecados, y por lo tanto a lo largo de la historia hemos entendido la muerte de Cristo de manera incorrecta los argumentos de los heterodoxos son irrefutables,
sí, irrefutables, pues si Dios no castiga, y por tanto
no entra en el designio de su voluntad castigar
al pecador, mucho menos iba a exigir o querer el
castigo de su propio hijo en nuestro lugar. Ya ven
como un error en esta materia, como es negar el
castigo divino y su carácter vindicativo, conduce por consecuencia a otros mucho más graves, aunque esa no sea su intención. Pero lo cierto es que si Dios no castiga, tampoco salva
¿Dios castiga?: Un debate entre hermanos católicos para comprender mejor nuestra fe. José Miguel Arráiz Roberti
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