Categoría: 02. No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios

Alegraos!!



Así pues, por la Oración del Señor, hemos sido revelados a nosotros mismos al mismo tiempo que nos ha sido revelado el Padre (cf GS 22): «Tú, hombre, no te atrevías a levantar tu cara hacia el cielo, tú bajabas los ojos hacia la tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados te han sido perdonados. De siervo malo, te has convertido en buen hijo. Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su Hijo y di: Padre nuestro. Pero no reclames ningún privilegio. No es Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre nuestro, para merecer ser hijo suyo» (San Ambrosio, De sacramentis, 5, 19)

Cantad y Salmodiad

Efesios

5:19 Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor,5:20 dando gracias siempre y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo

Felipenses

2:5  Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:
2:6  El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios
2:7  sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre,
2:8  se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.
2:9  Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre

Santo Sacrificio de la Misa y el Reino de Dios


Con las invocaciones a la alianza, Jesús califica la Última Cena como una comida de renovación de la alianza, al igual que la Pascua era la comida en la que se renovaba la alianza de Dios con Moisés. Cuando los cristianos toman el cáliz eucarístico, reafirman su lugar dentro de la alianza; en la renovada y transformada alianza davídica.


En el Reino renovado, Jesús desea compartir su autoridad. Pero antes corrige la equivocada idea de reinado y de poder que tenían sus discípulos (Lucas 22, 28-30), Les dice: “Yo os preparo un reino, como mi Padre me lo preparo a mi (v. 29). La traducción castellana “preparar” no capta suficientemente el término griego. La palabra original, diatithemai, quiere decir literalmente “concertar una alianza”. Una traducción más precisa del versículo sería: “Yo concierto con vosotros un reino, como mi Padre concertó uno conmigo, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Lucas 22, 29-30)

La ideología de género



Las feministas promotoras de la ideología de género, como Simone de Beauvoir, enseñan que para acabar con la diferencia entre hombre y mujer, hay que acabar completamente con la distinción entre lo femenino y lo masculino, entre hombre y mujer, es decir, ya no hablamos de sexo porque está ligado a lo biológico, sino de género. Entonces, según ella, la mujer no nace sino que se hace; de igual manera, el hombre no nace sino que se hace; es decir, el género es una construcción cultural, algo que se aprende, no algo que está inscrito en la naturaleza del ser humano: “tú te comportas como hombre porque en la casa y a tu alrededor te enseñaron a comportarte así, no porque lo seas por naturaleza”. Así las cosas, pueden existir hombres con cuerpo de mujer y mujeres con cuerpo de hombre: “No importa que tu cuerpo diga que eres hombre, no importa que tu psicología diga que eres hombre, tu puedes escoger ser mujer, puedes aprender a comportarte como tal”.

La ideología de género se inspira en principios marxistas, según los cuales se lee la historia de la humanidad como una lucha de clases; este mismo principio es aplicado a la relación del hombre y la mujer. El hombre aparece como la clase burguesa, la opresora, y la mujer como el proletariado, es decir, la clase oprimida que debe luchar por liberarse. Desde esta perspectiva, se ve el matrimonio como una institución inventada por el hombre para oprimir a la mujer, y cooperando a ello la maternidad, que se presenta como un yugo más; por ello, la ideología de género busca acabar con el matrimonio, la familia y la maternidad como única manera de liberar completamente a la mujer. Así, esta terrible ideología es una fuerte promotora de grandes atentados contra la vida, la maternidad y la familia, como lo son las técnicas artificiales de reproducción, la anticoncepción, la esterilización y el aborto.

La ideología de género habla principalmente de cinco géneros: heterosexual masculino y heterosexual femenino, homosexual masculino y homosexual femenino, y bisexual, entre otros. Todas estas orientaciones afectivo-sexuales son, según ellos, igual de válidas, y la persona puede escoger la que prefiera. Entonces ya no hablamos de dos sexos, hombre y mujer, sino de múltiples géneros. Por ello la presión que se está ejerciendo en muchos países para que se apruebe el mal llamado “matrimonio homosexual”.

Refiriéndose al tema de la Ideología de Género afirmaba el Papa Benedicto XVI que “la ideología de género es la última rebelión de la criatura contra su condición de tal; con el materialismo el hombre negó su trascendencia, su alma inmortal. Luego, con el ateísmo, el hombre niega a Dios, a un ser superior que está fuera de sí; con la ideología de género -ya el hombre negó su espíritu, su Dios-, niega su cuerpo mismo, su naturaleza. Sin espíritu, sin Dios, sin cuerpo, el hombre se convierte en una voluntad que se autodetermina”.

Es desde esta mentalidad que se intenta una reingeniería de la sociedad, que implica terribles ataques a la familia, a la maternidad, a través de la fuerte promoción del aborto, la anticoncepción, el homosexualismo, etc. Es decir, su resultado es una terrible cultura de la muerte. Y esta va permeando la sociedad a través del lenguaje, la educación, la política, los medios de comunicación, etc. Por ello hay que estar muy atentos ante estas ideas pervertidas y pervertidoras

A toda la creación entera:


Daniel

3:57 Todas las obras del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:58 Ángeles del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:59 Cielos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:60 Todas las aguas celestes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:61 Todas los ejércitos del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:62 Sol y luna, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:63 Estrellas celestes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:64 Lluvia y rocío, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:65 Todos los vientos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:66 Fuego y calor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:67 Frío y borchorno, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:68 Rocíos y nevadas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:69 Hielo y frío, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:70 Escarchas y nieves, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:71 Noches y días, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:72 Luz y oscuridad, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:73 Relámpagos y nubes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:74 Bendiga la tierra al Señor, que lo alabe y lo ensalce por los siglos.3:75 Montes y colinas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:76 Plantas de la tierra, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:77 Manantiales, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:78 Mares y ríos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:79 Cetáceos y seres acuáticos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:80 Todas las aves del cielo, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:81 Todas las bestias y ganados, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:82 Seres humanos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:83 Israelitas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:84 Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:85 Siervos del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:86 Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:87 Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:88 Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos. Porque él nos ha rescatado del abismo, nos ha salvado del poder de la muerte, nos ha sacado del horno de llama ardiente, nos ha sacado de en medio del fuego.3:89 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque su misericordia perdura por los siglos.3:90 Todos los que adoráis al Señor, bendecid al Dios de los dioses, alabadlo y dadle gracias, porque su misericordia perdura por los siglos.»

Pasiones humanas



si queréis que os diga mi sentir: cuando os veis afligidos con las adversidades, ¿acaso os quejáis por otro motivo de los tiempos cristianos, sino porque apetecéis tener seguros y libres de temores vuestros deleites, vuestros apetitos, y entregaros a una vida viciosa, sin que en ella se experimente molestia ni pena alguna? Y la razón es obvia y convincente, porque vosotros no deseáis la paz y abundancia de bienes para usar de ellos honestamente, es decir, con sobriedad, frugalidad y templanza, sino para buscar con inmensa prodigalidad infinita variedad de deleites, y lo que sucede entonces es que, con las prosperidades, renacen en la vida y las costumbres unos males e infortunios tan intolerables, que hacen más estragos en los corazones humanos que la furia irritada de los enemigos más crueles

De civitate Dei. Agustín de Hipona 412- 426 DC

Cuando venga el Reino

A lo largo de los siglos, los judíos han aludido al “fracaso” de Cristo y, en consecuencia, han propuesto seguir a la espera del Reino anunciado que, según ellos, es distinto del que defienden los cristianos. Los paganos que se oponían al cristianismo (Celso en el siglo II; Juliano en el IV) utilizaron la misma línea argumentativa. En los siglos XIX y XX algunos pocos cristianos unieron sus voces a este coro. Alfred Loisy estaba entre ellos; y también Germán F. C. Baur. Para este último, Pablo fué el auténtico inventor del cristianismo tal y como lo conocemos hoy, al adaptar la doctrina cristiana al hecho de que no llegara el Reino anunciado.

En el lado opuesto del espectro teológico que representan Baur y Loisy está C. I. Scofield. Su famosa obra Scofield Referent Bible ha inspirado a generaciones de americanos fundamentalistas. Scofield trata de dar respuesta a los críticos liberales, pero aceptando el punto de partida de aquellos; es decir que hay una ruptura entre la expectación del Reino y su venida. El razonamiento de Scofield discurre así: Jesús ofreció el Reino a los Judíos, pero ellos lo rechazaron, de manera que, en lugar del reino, estableció la Iglesia, com un “gran paréntesis” entre el ministerio de Jesús y la venida del verdadero Reino, que no llegará hasta después del “éxtasis”

En los días inmediatamente posteriores a la resurrección, uno de los discípulos preguntó: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel? (Hechos 1,6). Ésta angustiada pregunta resuena todavía después de dos milenios. Y es evidente que, después de todo este tiempo, algunos todavía encuentran dificultades en identificar lo que Dios prometió con lo que hoy tienen los cristianos

Debemos preguntarnos, sin embargo, si el problema proviene de lo dispuesto por Dios o de las expectativas humanas. Para resolver la cuestión, conviene volver al lugar de las Escrituras donde Jesús proclama su Reino en los términos más nítidos e íntimos, en la Última Cena. Al ser el Evangelio de Lucas el que nos proporciona mayor abundancia de detalles sobre el Reino

La fe es razonable (Scott Hahn)

La libre interpretación



El Espíritu Santo no puede revelar a una secta una verdad y a otra decirle algo diferente; no puede decir a unos que María fue siempre virgen y a otros que no lo fue; no puede decir a unos que se deben bautizar de pequeños y a otros que el bautismo solo es para los adultos, y etc. El espíritu Santo no se puede contradecir, el enseña la verdad que es una sola. Por ello no pueden existir diversas interpretaciones y enseñanzas sobre la Palabra de Dios; existe una sola y ésta es custodiada por la única Iglesia que Cristo fundó.

“La Iglesia es pilar y fundamento de la Verdad” (1 Tim 3, 15), por tanto, es a ella a quien le corresponde interpretar adecuadamente la Palabra de Dios. Además, Jesús pide unidad en Jn 17,21; con la libre interpretación no se cumple con la Voluntad Divina, pues cada interpretación da pie a una nueva doctrina, y ésta, a una nueva «iglesia». La razón humana individual, al ser limitada, variable y contradictoria, tomando carácter de juez, termina por despojar la Palabra de Dios de su carácter sobrenatural. Por estas razones la Sagrada Escritura no puede ser interpretada por cuenta propia, y esto ya nos lo advertía el apóstol Pedro:

2 Pe 1, 20: “Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura”.

2 Pe 3,16: “En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente -como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura- para su propia perdición”.

Fue la Iglesia quien, bajo la luz del Espíritu Santo, definió el Canon bíblico en el Concilio de Cartago en el año 397, por tanto, con la autoridad con la que definió los libros sagrados, con esa misma autoridad los interpreta. ¿Cómo pueden los hermanos separados creer firmemente en la Sagrada Escritura y dudar de la autoridad que la definió? ¡Absurdo! Dudar de la autoridad de la Iglesia es dudar de la Sagrada Escritura.

Servidores de la oración



Los ministros ordenados son también responsables de la formación en la oración de sus hermanos y hermanas en Cristo. Servidores del buen Pastor, han sido ordenados para guiar al pueblo de Dios a las fuentes vivas de la oración: la palabra de Dios, la liturgia, la vida teologal, el hoy de Dios en las situaciones concretas (cf PO 4-6).