Los primeros cristianos gozaban de subrayar que aquel pasaje de los Hechos de los Apóstoles sobre la fracción del pan y las oraciones en común no era sólo una instantánea tomada a la iglesia de Jerusalén, sino una imagen plenamente representativa de la Iglesia Universal (es decir, Católica). Alrededor del año 150, san Justino alude a «una única raza de hombres… entre aquellos cuyas oraciones y eucaristía se ofrecen a través de la mediación del nombre del crucificado, Jesús». Eso es la ubicuidad. Eso es la catolicidad. Y su señal Distintiva es la fracción del pan, es decir, el Santo Sacrificio de la Misa
