Santo Sacrificio de la Misa


La Iglesia en el Concilio de Trento ha dado la interpretación verdadera y el nuevo sacrificio es el verdadero sacrificio, puro y sin mancha, que ninguna indignidad ni malicia del sacrificador puede manchar, aquel que el Señor anunció por boca del Profeta Malaquías, como debiendo ser ofrecido en su nombre.
Malaquías 1:6 El hijo honra a su padre, el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honra? Y si señor, ¿dónde mi temor?, os dice Yahvé Sebaot a vosotros, sacerdotes que menospreciáis mi Nombre. -Decís: ¿En qué hemos menospreciado tu Nombre?1:7 Presentando en mi altar pan impuro. -Y encima preguntáis: ¿En qué te hemos manchado? -Pensando que la mesa de Yahvé es despreciable.1:8 Y cuando presentáis para el sacrificio una res ciega, ¿no está mal? Y cuando presentáis una coja o enferma, ¿no está mal? Anda, ofrécesela a tu gobernador: ¿se te pondrá contento o te acogerá con agrado?, dice Yahvé Sebaot.1:9 Ahora, pues, aplacad a Dios para que tenga compasión de nosotros. Venís con eso en vuestras manos, ¿acaso os acogerá agradecido?, dice Yahvé Sebaot.1:10 ¡Ojalá alguien de vosotros cerrará las puertas para que no encendáis mi altar en vano! No me gustáis nada, dice Yahvé Sebaot, ni me agrada la oblación que traéis.1:11 Desde levante hasta poniente grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar ofrecen a mi Nombre sacrificios de incienso y oblaciones puras, pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahvé Sebaot.
Este texto ha sido considerado por todos los Padres de la Iglesia como una profecía del Santo Sacrificio de la Misa. En efecto, esta predicción no se cumplió en el Antiguo Testamento, pero sí en el Nuevo; como consta también en el Nuevo, que fué realizada la promesa hecha por Dios Padre a Nuestro Señor
Salmo 22.7 …Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado.2:8 Si me lo pides, te daré en herencia las naciones…
Sabemos todos que este oráculo se cumplió cuando los apóstoles convirtieron a los pueblos paganos
La profecía de Malaquías no puede aplicarse expresamente al sacrificio que Nuestro Señor consumó en la Cruz, como lo pretenden sin razón los herejes, porque este sacrificio no ha sido ofrecido en todas partes, según la afirmación del profeta, sino en un solo lugar. Sobre el monte Calvario. No puede aplicarse tan poco a nuestras oraciones ni a nuestras buenas obras porque ni las unas ni las otras son un sacrificio puro, sino una ofrenda impura; así lo reconocen los mismos herejes y lo proclama Isaías:
Isaías 64:5 Somos como impuros todos nosotros, como paño inmundo todas nuestras obras justas.
Así pues, la profecía debe entenderse exclusivamente respecto a la Santa Misa, que es único sacrificio del Nuevo Testamento; sacrificio enteramente puro, que Jesucristo ofrece a Dios su Padre en todo tiempo y lugar por mano de los sacerdotes. Nuestro Señor es el único Pontífice perfecto y soberano; los sacerdotes no somos más que sus ministros, éstos no hacen sino prestarle sus manos y su boca. Jesucristo, en efecto, siendo invisible, y debiendo ser visible el sacrificio para que los hombres puedan asociarse a él, era preciso de toda necesidad recurrir al ministerio de los sacerdotes. Además este sacrificio se celebrará hasta el fin del mundo, y no cesará, sino hasta la llegada del Anticristo. Los herejes nos hacen la objeción de que la palabra Misa no se encuentra en la Sagrada Escritura. Sea, pero tampoco se encuentra la palabra Trinidad. Acaso estamos dispensados por eso de creer en este augusto misterio? La Escritura tampoco ordena expresamente el reposo dominical ni el bautismo de los niños, y sin embargo, son éstas rigurosas obligaciones. Si la palabra Misa no figura en la Biblia, no obstante la leeremos en las obras de los Papas, tales como San Clemente, tercer sucesor de San Pedro, San Evaristo y San Alejandro, quienes vivieron en el siglo primero, San Agustín, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo y muchos otros emplean la palabra Misa cuando hablan del Sacrificio del Nuevo Testamento. San Ambrosio escribe en una de sus cartas: Cumplía con mi ministerio, comenzaba a celebrar la Santa Misa, y durante el Sacrificio pedía a Dios se dignase venir en nuestro Socorro”
Los primeros Cristianos llaman la Misa “Fracción del pan, cena del Señor (Hechos 2,42; 1 Corintios 11,20)San Ambrosio epístola 33

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