En torno a la inscripción INRI



conviene recordar las coincidencias y diferencias que presentan los cuatro textos evangélicos. Mt 27, 37: «sobre su cabeza pusieron escrita la causa de su condena: Este es Jesús, el Rey de los judíos». Mc 15, 26: «El título de su acusación estaba escrito: El rey de los judíos». Lc 23, 38: «Había también una inscripción sobre él: Este es el rey de los judíos». Jn 19, 19- 22: «Pilato escribió también una inscripción y la puso sobre la cruz. Estaba escrito: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.

Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado se hallaba cercano a la ciudad. Estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Decían a Pilato los pontífices de los judíos: “No escribas: ‘Rey de los judíos’, sino que él dijo: ‘Yo soy el Rey de los judíos’»

Pilato respondió: “Lo que he escrito, he escrito”». Del análisis del texto sagrado surge que Mateo emplea la palabra griega aitía, causa; mientras que Marcos usa el término epigrafé tes aitías, literalmente, la inscripción de la causa; por su parte, Lucas habla de epigrafé, «la inscripción»; mientras que San Juan se refiere al títulos, simplemente el título[ 89].

En dicha tablilla se indicaba la causa poenae, es decir, «la causa de la pena». En el caso de Jesús, lo común a los cuatro Evangelios, es la expresión «rey de los judíos», mientras que el resto de las palabras difiere en pequeños detalles; las variantes de estos textos, sin embargo, sirven justamente para comprobar su veracidad. En la narración evangélica del proceso, se presentan las motivaciones políticas como un engañoso pretexto del Sanedrín, acusándolo de hacerse rey cuando la verdadera causa no era otra que la condición de Mesías, como señala Benoit: «Pudo apreciarse perfectamente durante el proceso que fue esta causa, la supuesta pretensión de Jesús a la realeza, la que los judíos alegaron ante los romanos, aunque en realidad la verdadera causa estaba en que se presentase como Mesías e Hijo de Dios, algo que les resultaba intolerable.

Pilato se dio cuenta enseguida de que la acusación política era únicamente un pretexto, que no estaba ante un revolucionario político, pero acabó cediendo a las pretensiones de los judíos. Justificó con esta “causa” la condena de Jesús y la mandó escribir sobre el rótulo porque era la única que podía registrar en sus archivos y comunicar al emperador: «el acusado ha sido identificado como el rey de los judíos»[ 90].

Paradójicamente lo escrito no resulta contradictorio con la causa primigeniamente alegada por los jerarcas judíos; Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios y, justamente por ello, el Rey de los Judíos. En cuanto al carácter trilingüe del títulus era algo común en los carteles públicos de la zona para la época. Como narran los evangelistas, el INRI, estaba escrito en hebreo (la lengua culta local), en latín (la lengua de la administración de las fuerzas ocupantes) y en griego (lengua franca y común de todo el imperio romano de oriente, utilizada en todos los intercambios comerciales, contratos e incluso procesos jurídicos)

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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