La Revolución Francesa


constituye el ejemplo arquetípico de esta modalidad de la mentalidad moderna. Alexis de Tocqueville lo ha mostrado con insuperable claridad en su El Antiguo Régimen y la Revolución:

Puesto que el objeto de la Revolución Francesa no fue únicamente cambiar un gobierno antiguo, sino abolir la forma antigua de la sociedad, hubo de atacar a la vez a todos los poderes establecidos, cancelar todas las influencias reconocidas, borrar las tradiciones, renovar las costumbres y los usos, y vaciar de alguna manera el espíritu humano de todas las ideas sobre las que hasta ese momento se habían fundado el respeto y la obediencia

Alexis de Tocqueville, El antiguo régimen y la revolución (Madrid: Istmo, 2004), p. 62. Un periódico científico de la época decía: «La Revolución lo ha echado todo por tierra. Gobierno, moral, costumbres, todo debe ser reconstruido. ¡Qué ocasión extraordinaria para los arquitectos! ¡Qué magnífica oportunidad para emplear todas las agudas y excelentes ideas que hasta ahora han permanecido en el reino de la especulación abstracta, para emplear tantos materiales que antes no se pudieron emplear, para rechazar otros muchos que han sido obstáculo durante siglos y que había que emplear por fuerza!» (Décade philosophique, 1794, vol. 1. Citado en Friedrich Hayek, La contrarrevolución de la ciencia. Madrid: Unión Editorial, 2014, p.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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