El cuarto mandamiento

abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia

asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón (cf CIC can 1249-1251; CCEO can 882).

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