El lugar de las ejecuciones



el Gólgota o monte de calaveras[ 91], estaba fuera de la ciudad, pero no muy lejos (Jn 19, 20). En el Derecho Romano, todas las penas–y en particular la de la crucifixión, en la que el condenado era expuesto en un lugar público junto a las murallas hasta consumirse en la cruz– tenía además de un carácter punitivo, una función de escarmiento hacia aquellos que se hubiesen sentido tentados de cometer el mismo delito. Esto explica que la epigrafé tes aitías, la inscripción de la causa fuera obligatoria.

En la comitiva que marchaba hacia el lugar de la ejecución, el condenado llevaba el rótulo (que debía pintarse de blanco y con las letras en rojo o en negro para que fuera más visible) sobre la espalda o el pecho, o bien lo portaba un soldado que precedía al condenado. Una vez que era alzada la cruz, recién ahí se clavaba el rótulo en palo vertical, sobre la cabeza del condenado, para asegurar su completa visibilidad. Esto mismo es confirmado por el texto griego: Mateo emplea el adverbio epáno, sobre, la cabeza de Jesús; Marcos usa epígrafe, y precisamente, epí también significa sobre; Lucas utiliza también el epigrafé, aunque concreta más al decir sobre él; y por último Juan dice epí. Llamativa coincidencia de los evangelistas que nos indica la ubicación exacta y visible del letrero INRI. Otra verdad histórica que suele pasar inadvertida, es la respuesta de Pilato a las protestas de los pontífices de los judíos: o ghégrafa, ghégrafa, “lo que he escrito, he escrito”. No estamos ante un enfado o capricho del procurador, sino ante un requisito legal. Sebastián Bartina, un biblista español, encontró en Apuleyo[ 92] un pasaje esclarecedor: «La tablilla del procurador contiene la sentencia, a la cual, una vez leído, no se puede añadir ni suprimir una sola letra porque tal y como es proclamada, pasa a formar parte de los documentos jurídicos provinciales»[ 93].

Por tanto, desde el punto de vista legal, lo escrito estaba escrito, y ni siquiera las protestas de las principales autoridades judías podían llevar al juez a modificar la causa de una sentencia que, tal y como había sido pronunciada, era depositada en los archivos locales e imperiales[ 94]. En la basílica romana de la Santa Cruz de Jerusalén, y juntamente con otras importantes reliquias de la Pasión, se conserva el que, según la tradición sería el mayor de los fragmentos del titulus de la cruz. Mide 23 x13 cm., lo que da idea de su importancia teniendo en cuenta que las medidas debieron ser de aproximadamente 65 x 20 cm

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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