Ilícito



Todos los mandamientos de Dios son igual de justos y misericordiosos. Por lo tanto, es errónea la opinión de quien afirma que las personas son capaces, al obedecer la divina prohibición—por ejemplo, el sexto mandamiento de no cometer adulterio—, de pecar contra Dios por este acto de obediencia o de hacerse daño moralmente a uno mismo o de pecar contra otros.

«Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia». (Juan Pablo II, encíclica Evangelium Vitae, 62). Hay principios morales y verdades morales contenidas en la divina revelación y en la ley natural que incluye prohibiciones negativas, que prohíben de manera absoluta ciertos tipos de acciones, por cuanto estos tipos de acciones son siempre gravemente ilegales a causa de su objeto. Por consiguiente, es errónea la opinión de quien que una buena intención o una buena consecuencia puede ser suficiente para justificar la comisión de este tipo de acciones (cf. Concilio de Trento ses. 6, Decreto de la justificación, c. 15; Juan Pablo II, exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia, 17; encíclica Veratis Splendor, 80).

Athanasius Schneider. Christus vincit!

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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