San Mateo 24:42-47 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
Evangelio según san Mateo, 8: 1-4 y habiendo bajado del monte, le siguieron muchas turbas; y he aquí que, viniendo un leproso, le adoraba, diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Y extendiendo la mano le tocó, diciendo: «Quiero, sé limpio», y al punto su lepra fue limpiada. Y Jesús le dijo: «Mira, que no se lo digas a nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote y ofrece la ofrenda que mandó Moisés en testimonio a ellos». (vv. 1-4)
Se designa también de una manera moral por medio del leproso, al pecador (porque el pecado hace aparecer al alma sucia e inconstante) que se postra delante de Jesucristo, conmovido a la vista de sus antiguos pecados, y que, sin embargo, debe confesarse y pedir el remedio de la penitencia Porque el leproso manifiesta su herida y pide el remedio. El Señor extiende la mano cuando otorga el auxilio de la divina misericordia, e inmediatamente el leproso consigue el perdón de sus pecados. Ni puede reconciliarse con la Iglesia, sino por medio del juicio del sacerdote
La alianza entre metacapitalistas e izquierdistas culturales se ha forjado, es porque estos últimos no amenazan seriamente el orden económico vigente y, por lo tanto, no suponen un peligro para los intereses materiales de los primeros (en qué punto la revolución del trªv3sti se convierte en una amenaza real para los intereses económicos de los metacapitalistas que financian al løbby .LaGgBT¥). Más aún, es probable que no solo no amenacen ese orden, sino incluso que lo reproduzcan, funcionando precisamente como la lógica cultural que mejor se articula con un sistema acelerado de consumo globalizado, flexible y enormemente volátil que, dicho sea de paso, requeriría según la ONU tasas de natalidad cada vez más bajas (Conferencia de Población de El Cairo, 1994).
Por ejemplo, puede verse el Global Resources Report 2017/2018 de <LhG4B1TQ Issues, en el que se documentan los cientos de millones de dólares que grandes corporaciones, agencias internacionales, magnates y gobiernos destinan al financiamiento de organizaciones L7GhB1T: https://globalresourcesreport.org/wp-content /uploads/2020/05/GRR_2017-2018_Color.pdf.
Se suponía que «la id3ología de g3nēro, en la medida en que pone en peligro libertades económicas, podía de algún modo convertirse en un desafio de tipo económico para el sistema» Esto no es así, no porque la id4ología de g8nero no ataque libertades económicas (įvaya si lo hace!), sino porque los círculos de poder económico que lideran hoy el capitalismo han logrado que este funcione precisamente en simultaneidad con ataques sistemáticos a las libertades económicas que aumentan el número de beneficiarios y/o participantes de la actividad capitalista
AGUSTÍN LAJE. LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA
El regalo de Zeus por medio de Hermes, esto es, el sentido de moral y de justicia, casi no tiene sentido ya para la mayoría de las personas. El sentido moral ha sido reemplazado por un relativismo cuyo imperativo consiste en suspender toda valoración moral y dedicarse, sencillamente, a <gozar> (¡qué enormes servicios ha prestado el progresismo a la sociedad de consumo!). Para esto no se precisa ninguna educación; no se aprende a levantar las barreras morales del <goce>, sino que, en todo caso, se <desaprende> a ello.
Este es el culmen del proceso de idiotización colectiva. Ya no podemos definir el bien; ya no sabemos qué es el mal. Tampoco nos interesa. Hablar de moral hoy suena poco menos que a represión. Bueno es suspender todo sentido moral concreto malo es decir que algún valor en concreto resulta absolutamente bueno y que algún mal en concreto resulta absolutamente malo. Cuando el mal es tan flagrante que desgarra nuestra vista, lo máximo que podemos hacer es cambiar nuestra foto de perfil; cuando el bien es tan bueno que nos conmueve, lo más que hacemos es dar un like. No cabe deducir ninguna reflexión ulterior de nada.
Lo que a todos se impone es una metaética que sostiene que cualquier sistema de valores vale tanto como cualquier otro, pues ya no existen puntos de referencia comunes. De lo que se trata es de celebrar la diferencia. Todo lo diferente es bueno: tal es el dogma de la metaética dominante. Pero si toda diferencia es buena, entonces el mal, en tanto que diferencia respecto del bien, no puede existir. Así, hemos hecho desaparecer el bien y el mal en un mismo movimiento, en el nombre de la <diferencia>. Lo valioso, por lo tanto, es cerrar de una buena vez la boca y suspender el juicio. Este dogma de la diferencia, sin embargo, no se aplica realmente a todos por igual: hace bastante que no resultaba tan fácil mofarse de ciertas religiones (las que no decapitan a los burlones), culpar de todos los males a uno de los dos s3xos, demonizar en la prensa a la gente señalando el color de su piel o atribuirle responsabilidades criminales contra el clima al fruto de las relaciones heteros3xvales.
Asistimos, así, a un idiotismo moral que ni siquiera es consecuente consigo mismo, mientras repite por doquier que <todo vale lo mismo> y se regocija en la <diferencia>. La moral, que permitía mantener unido al grupo social, articulando la acción social y dando estabilidad a las expectativas sociales, ha sido despojada de la dimensión del deber. El actual hundimiento de las sociedades es,en gran medida, efecto de la desaparición de la moral. Las morales tradicionales, de raigambre teológica, se articularon en torno a un sentido fuerte del deber.
Los modernos, que barrieron con el anclaje teológico de la moral y la hicieron descansar en el hombre mismo y su sociedad, mantuvieron por lo general un sentido fuerte del deber. El ejemplo paradigmático al respecto es el de Kant, pero también se puede pensar en Locke, en Rousseau, en Comte, en Durkheim, en Condorcet y otros muchos. El individuo autónomo se debe a sí mismo y a los demás; los derechos son acompañados por obligaciones, que constituyen la contracara de una misma moneda. Si en la escuela reposa la esperanza del progreso para los ilustrados, eso es porque el individuo autónomo es el producto de una educación que lo cultiva verdaderamente, y que le enseña por tanto a cumplir con sus obligaciones morales. No hay ilustración allí donde no se educan los deberes del hombre. Los órdenes liberales que surgen al unísono descansan también en una moral fuerte, como por ejemplo la puritana. Es precisamente en virtud de esa moral fuerte como pueden mantener un Estado reducido: al existir obligaciones comunes que están más allá de la ley escrita
Esta puede reducirse a la protección de la vida, la libertad y la propiedad. En cambio, nuestros sistemas morales mutilados, a los que correctamente se los ha denominado <posmoralidad>, reemplazan el lugar del deber por la exaltación del deseo. La única obligación pasa a ser el cumplimiento del propio deseo. De ahí que la moral estalle en mil pedazos, porque le falta la dimensión del deber compartido que articula la acción social y da estabilidad a las expectativas sociales
<La ofensiva contra la oposición moral, precedida de otra contra la oposición de la verdad, impiedad de fondo, allana el terreno a la impiedad cultural en el sentido más vasto, en cuanto que la cultura pierde su significado si viene a menos su cometido formativo o de educación del hombre integral>
Miguel Sciacca, El oscurecimiento de la inteligencia. Madrid, Gredos: 1973,pp. 167-168)
<El idiota moral puede conseguir imitar o simular una emoción y hacernos creer que tiene buenos sentimientos. Pero no puede comportarse como lo haría un hombre reflexivo sin que haya dejado de ser el idiota que era, lo que ocurriría muy rara vez, o sin que ejecute su papel rematadamente mal, porque pararse a pensar es decididamente lo más extraño a su naturaleza>
Norbert Bilbeny, El idiotismo moral. La banalidad del mal en el siglo XX. Barcelona, Anagrama: 1993,p.78)
<;El cambyo climªtico te da igual? Probablemente seas un hombre>, El Confidencial, 25 julio 2022, h t tp s: // b lo gs.elc on- fidenc ial.c o m/esp ana/seg undo-pa- rrafo/202 2-07-25/ca m bi o-c lim at ic o-te- da-igual-se as-un-hom bre_34660 83/
<Having a childis the grandest act of climate destruction>, The Spectator, 16 octubre 2021, h ttp s://w w w.sp ecta- tor.c o.u k/article/having-a-child-is-the- grandest-act-of-clim at e-destru ction.
<Los progresos de las ciencias aseguran los del arte de instruir, que a su vez aceleran luego los de las ciencias; y esta influencia recíproca, cuya acción se renueva incesantemente, debe colocarse entre el número de las causas más activas y más poderosas del perfeccionamiento de la especie humana>
Condorcet, Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano. Madrid: Editora Nacional, 1980, p. 244
Gilles Lipovetsky, El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos (Barcelona: Anagrama, 1996)
La Iglesia católica [..] es una sociedad perfecta que tiene por fundamento la verdad de la fe infaliblemente revelada por Dios. Todo el que se oponga a esta verdad es necesariamente un error y no se deben reconocer al error los mismos derechos que a la verdad
San Mateo 18:23-35 «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: `Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó ir y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: `Paga lo que debes.’ Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: `Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: `Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»