La fuerza nuclear fuerte es aquella interacción fundamental de la física que gobierna el grado en que los protones y neutrones se unen entre sí en los núcleos atómicos. Pues bien, si esta fuerza fuera tan solo un 0,3% mayor o un 2% menor ¡sería imposible todo tipo de vida en cualquier parte del universo! :Por qué razón? Simple: porque si esta fuerza fuera un poco mayor, los protones y los neutrones tendrían tal afinidad los unos por los otros que ninguno quedaría solo y no habría nada de hidrógeno sino únicamente elementos pesados; y, por otra parte, si esta fuerza fuera hubiera sido un poco más débil «el único elemento estable sería el hidrógeno» y «no podría existir ningún otro átomo». Pero dado que -considerando lo biológicamente racional- la vida de cualquier tipo (incluso la de «bioquímicas hipotéticas alternativas al carbono» como la del silicio y el boro) es imposible sin hidrógeno y aún más imposible si el hidrógeno es el único elemento que existe, debe haber un ajuste fino en dichan condición. Y esto sin importar cuánto transcurra «la magnitud del tiempo» en el «(espacialmente) colosal universo». Dale más tiempo, dale más espacio, pero aún así no surgirá vida pues hay una restricción desde la base
Richard Swinburne, «Argument for the Fine-Tuning of the Universe», en: John Leslie ed., Physical Cosmology and Philosophy, Ed. Macmillan, New York, 1991 P. 160.
Michael Denton, Nature’s Destiny: How the Laws of Biology Reveal Purpose in the Universe, Ed. The Free Press, New York, 1998, р.13
Núcleo de un átomo de helio. Los dos protones tienen la misma carga, pero aún permanecen juntos debido a la fuerza nuclear residual
Evangelio según san Mateo, 7: 7- 8 «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá: pues todo el que pide, recibe; y el que busca, halla y al que Ilama, se le abrirá». (vv. 7- 8)
Como había dicho: «Pedid y recibiréis», para que los pecadores no dijesen oyendo esto: «El Señor invita a pedir a los dignos y no a nosotros que no lo somos», lo repite para recomendar a justos y pecadores la confianza en la misericordia de Dios. Por eso añade: «Todo el que pide recibe» esto es, ya sea justo, ya pecador, no dude al pedir, para que conste que no se desprecia a nadie, si no se duda del Señor al pedirle alguna gracia. No puede concebirse que Dios, cuando manda la gran obra de caridad de hacer bien a los enemigos, imponga a los hombres el deber de hacer lo que El no hace siendo bueno.
Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
los doctores de la Iglesia son unánimes en este punto. En la víspera de la Revolución de 1789, el gran doctor de la moral, san Alfonso de Ligorio, tiene el mismo lenguaje que san Agustín: Un particular se salvará observando la ley divina; un rey, para salvarse, debe observarlas y hacerlas observar por los sujetos, es decir reformar las malas costumbres y extirpar los escándalos. El debe cumplir este deber con valor y sin conmoverse por la contradicción. […] No deben pues dudar en rechazar de su reino todo predicador de impiedad, ni de agarrar hasta las fronteras las obras infectadas de malas doctrinas. Ese es su imperioso deber, y es por no haberlo cumplido que los príncipes han perdido su corona
San ALFONSO DE LIGORIO, Fedelta dei Vassali junio de 1777, citado por Agustin BERTHE C.SS.R., Saint Alphonse de Liguori, 1696-1787, París, Reteaux, t.2, p. 440-441
que había sido conocida en la ciudad como pecadora, lavó con lágrimas las manchas de sus crímenes amando la verdad; se cumplió en ella esta palabra de la Verdad: “Le han sido perdonados muchos pecados porque ha amado mucho”. La que antes se había mantenido fría pecando, se convirtió en fervorosa al amar con ardor. No se apartó del sepulcro del Señor, ni aun cuando los discípulos se marcharon; no habiéndolo encontrado, siguió buscándolo; le buscaba llorando, abrasada en el fuego de su amor, ardía en ansias de encontrar al que creía se habían llevado. Por eso la única que se quedó para buscarlo, fue la única que le vio; porque la eficacia de la obra buena depende de la perseverancia
Sermón de San Gregorio, Papa. Homilía 25 sobre los Evangelios.
San Lucas 7:36-50 Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies.Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite.Ella ha ungido mis pies con perfume Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»
El like es sin dudas el gran dispositivo de esta pornocracia panóptica. Refuerza la publicitación sin límites de la propia vida, premiando el autodesnudamiento y mimando la autoestima. El like me dice que gusto, que mi vida gusta a otros, incluso que mi vida es envidiada por otros. El voyeurismo digital adviene como forma normal de presentación de la vida. Así, soy valorado a través de likes, que es la gran moneda de cambio del mundo digital. El like me dice que no debo ser ni hacer nada en realidad valioso, nada realmente meritorio, para ser mirado y gustado por otros. Democratización de lo banal. <Debo mostrarme en pijamas, antes de dormir, para obtener likes? Lo hago. :Debo exhibirme en ropa interior para obtener likes? Lo hago. Debo perder todo mi día aprendiendo la coreografía tendencia del momento para filmarme y obtener likes? Lo hago. ;Debo mostrar hasta el límite mi relación amorosa? Lo hago. ¿Debo hacer de la vida de mi bebé un gran reality show para obtener likes? Lo hago también. :Debo filmar y mostrar al mundo mi reencuentro, después de varios años sin vernos, con algún familiar cercano? Lo hago. ;Debo tomar riesgos innecesarios, e incluso autoagredirme al buen estilo Jackass para obtener likes? Lo hago. ¿Debo poner en riesgo a otros e incluso agredirlos? No dudo en hacerlo. El like es un dispositivo que me dice lo que debo mostrar para ser gustado por los demás.
Es el like el que genera las tendencias. El like es el dispositivo más preciado del idiotismo inherente a la sociedad adolescente.
Éric Sadin llama la atención sobre cómo ha cambiado nuestra conducta respecto de lo que decidimos mostrar desde el advenimiento del like. <Habría que establecer algún día la lista de gestos exhibidos ante otro que habrían sido impensables hasta la introducción del like, o que habrían aparecido a ojos de cualquiera como sumamente desubicados, inconvenientes o ridículos>. Sadin ensaya un breve listado al respecto, que a cualquiera hoy le sonaría familiar: La imagen de una carta privada subida online, la del resultado de los análisis de sangre o del boletín trimestral del propio hijo, las palabras hirientes proferidas respecto de un ex o de una persona con la cual uno tiene un conflicto, el avisonde la muerte de alguien cercano seguido de palabras demasiado íntimas enunciadas a propósito del hecho, o las fotos de un recién nacido tomadas en ese mismo momento en la clínica de maternidad.
A esta altura puede apreciarse con claridad que, como la moda y la farándula, la vida digitalizada también es una frivolidad propia de la sociedad adolescente. La palabra frívolo proviene del latín (frivolus) y significa, literalmente, quebradizo. Este adjetivo se utilizaba para referirse sobre todo a ciertas vasijas de barro que, siendo ligeras, resultaban muy débiles y se quebraban con facilidad. Más adelante, y a partir de esto mismo, se entendió por frívolo lo vano, lo superficial, lo carente de valor real. La vida digitalizada es ligera, superficial y quebradiza. Por definición, ella hace de la vida real un mero referente para la pantalla. La vida se traduce al contenido de una superficie plana y ligera. Se entrega sin cesar a la captura, a la representación, y no se concibe sin ella. Así, la vida no puede dar un solo paso, no puede gozar de una sola emoción, no puede tener un solo encuentro, no puede vivir un solo momento sin sentir la presión de la digitalización. Hay en esto una especie de degradación ontológica: el ser de la vida digitalizada no se concibe sino como ser-en-lapantalla. Pero como este último es siempre una representación, el referente de la representación (la vida real) se empobrece a sí mismo. La vida del metaverso será muy divertida, pero ontológicamente muy pobre.
Generación idiota: Una crítica al adolescentrismo. Laje, Agustin
Nacido en Brindis, en el Reino de Nápoles, Lorenzo entró en la orden de los capuchinos cuando era joven. Adquirió un profundo conocimiento de la filosofía y la teología, y llegó a dominar varios idiomas, tanto antiguos como modernos. Ordenado ya sacerdote, se dedicó a la predicación, la cual ejerció en casi toda Italia y otros países europeos. Poseedor de una prudencia inusual, recibió autoridad sobre toda la Orden y fue frecuentemente designado por los papas para misiones diplomáticas muy importantes. De hecho, se le ha atribuido principalmente a él que los príncipes cristianos unieran sus fuerzas contra las tropas invasoras turcas. El ejército cristiano se enfrentó a los turcos en Hungría, yendo Lorenzo cabalgando delante del ejército, armado con el Crucifijo, e instando a los soldados y generales, obteniendo así una victoria notable. En medio de estas actividades, practicó con heroicidad las virtudes del estado religioso. Cualquiera fuese el tiempo libre que tenía, lo dedicaba a la oración, combinando maravillosamente la vida interior con la vida activa. Murió en 1619, en Lisboa, pues había sido enviado allí por el pueblo de Nápoles para presentar su caso ante el Rey de España, como un enérgico defensor de la libertad y la justicia cristiana. Dejó muchos escritos dedicados a la defensa de la fe católica contra los herejes y a la explicación de la Sagrada Escritura. El Papa León XIII lo inscribió entre los Santos; luego fue proclamado Doctor
San Mateo 5:13-19 «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.