Día: 20 agosto, 2017

Cristo y su iglesia

Cuando fueron privados los discípulos de su presencia visible, Jesús no los dejó huérfanos (cf. Jn 14, 18). Les prometió quedarse con ellos hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28, 20), les envió su Espíritu (cf. Jn 20, 22; Hch 2, 33). Por eso, la comunión con Jesús se hizo en cierto modo más intensa: “Por la comunicación de su Espíritu a sus hermanos, reunidos de todos los pueblos, Cristo los constituye místicamente en su cuerpo” (LG 7).

Oración

Señor, infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Amén

Evangelio

Aleluya, aleluya.

Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo.

Aleluya.
EVANGELIO

Mt 15, 21-28.
Mujer, ¡qué grande es tu fe!.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

–Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

–Atiéndela, que viene detrás gritando.

Él les contestó:

–Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:

–Señor, socórreme.

Él le contestó:

–No está bien echar a los perros el pan de los hijos.

Pero ella repuso:

–Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

Jesús le respondió:

–Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

En aquel momento quedó curada su hija.

 

Palabra del Señor