El velo del cáliz

es un pequeño paño del mismo color y tela de la casulla (o siempre blanco), que sirve para cubrir todo el cáliz desde el comienzo de la misa hasta el ofertorio; y luego, después las abluciones. No es obligatorio usarlo, pero la Instrucción General del Misal dice que es un uso loable (núm. 118).
La presencia de cortinas y velos en la liturgia se debe al culto judío. Por ejemplo, a la entrada del santuario en el templo de Jerusalén, el velo era una señal de reverencia ante el misterio de la “Shekinah”, la presencia divina.
El velo es un signo de la necesidad de no tocar con las manos impuras, cosas sagradas: un símbolo de la pureza espiritual de la necesidad de estar más cerca de Dios. Si la liturgia se compone de símbolos, esta es una de las más importantes. En principio, los vasos sagrados, cuando no esté en uso, siempre están velados para aludir a la riqueza que se esconde allí. Es por ello que el cáliz debe cubrirse cuando no se usa.

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