¿Y cómo amó Jesús a sus discípulos, y por qué los amó?

No, no eran sus cualidades naturales las que podían atraerle. Entre ellos y él la distancia era infinita. El era la Ciencia, la Sabiduría eterna; ellos eran unos pobres pescadores, ignorantes y llenos de pensamientos terrenos. Sin embargo, Jesús los llama sus amigos, sus hermanos. Quiere verles reinar con él en el reino de su Padre, y, para abrirles las puertas de ese reino, quiere morir en la cruz, pues dijo: Nadie tiene amor más grande qu el que da la vida por sus amigos.

Madre querida, meditando estas palabras de Jesús, comprendí lo imperfecto que era mi amor a mis hermanas y vi que no las amaba como las ama Dios. Sí, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón: Nadie, dijo Jesús, enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos en la casa.

Yo pienso que esa lámpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no sólo a los que son más queridos, sino a todos los que están en la casa, sin exceptuar a nadie.

Historia de un Alma. Santa Teresa de Lisieux

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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