Categoría: Teresa de Lisieux

Nuestra Señora de las Victorias

Basílica de Nuestra Señora de las Victorias, París Francia
Por aquí pasó Santa Teresa de Lisieux, camino en búsqueda del papa para el ingreso a la comunidad religiosa del carmelo a temprana edad

Amarte en el Infierno


Sobre todo, crecía en el amor de Dios. Sentía en mi corazón unos ímpetus que hasta entonces no conocía. A veces tenía verdaderos transportes de amor. Una noche, no sabiendo cómo decirle a Jesús que le amaba y cómo deseaba que fuese amado y glorificado en todas partes, pensé con dolor que él nunca podría recibir en el infierno un solo acto de amor que él nunca podría recibir en el infierno un solo acto de amor; y entonces le dije a Dios que, por agradarle, aceptaría gustosa verme sumergida allí, a fin de que fuese amado eternamente en ese lugar de blasfemias… Yo sabía bien que eso no podía glorificarle, porque él sólo desea nuestra felicidad. Pero cuando se ama, una siente necesidad de decir mil locuras.


Historia de un Alma. Santa Teresa de Lisieux

Las heridas de los hijos


Supongamos que el hijo de un doctor muy competente encuentra en su camino una piedra que le hace caer, y que en la caída se rompe un miembro. Su padre acude enseguida, lo levanta con amor y cura sus heridas, valiéndose para ello de todos los recursos de su ciencia; y pronto su hijo, completamente curado, le demuestra su gratitud. !Qué duda cabe de que a ese hijo le sobran motivos para amar a su Padre!Pero voy a hacer otra suposición. El padre, sabiendo que en el camino de su hijo hay una piedra, se apresura a ir antes que él y la retira (sin que nadie le vea). Ciertamente que el hijo, objeto de la ternura previsora de su padre, si Desconoce la desgracia de que su padre lo ha librado, no le manifestará su gratitud y le amará menos que si lo hubiese curado… Pero si llega a saber el peligro del que acaba de librarse, ¿no lo amará todavía mucho más?
Historia de un Alma. Santa Teresa de Lisieux

Santa Teresa de Jesús



vivió muriendo de amor, deseando ardientemente morir para ver a Dios. Fue impresionante -declaran los testigos que lo vieron- la expresión de su alegría celestial cuando, al recibir el viático en su pobre celda de Alba de Tormes, le decía a su Dios y Señor: “ya es hora, Señor, ya es hora de que nos veamos para siempre en el Cielo”»

El Cielo debe ser la aspiración más profunda del cristiano, pues allí nos esperan Jesús y nuestra Santísima Madre, para disfrutar de su compañía eternamente. Un consagrado a María debe vivir con los pies en el suelo y el corazón y los ojos en el Cielo, pues así vivió siempre ella.

ROYO, Antonio. Teología de la salvación. Madrid: La Editorial Católica (BAC), 1997. P. 444

Un sueño…


Recuerdo un sueño que debí tener por esta edad, y que se me grabó profundamente en la imaginación. Una noche soñé que salía a dar un paseo, yo sola, por el jardín. Al llegar al pie de la escalera que tenía que subir para llegar él, me paré, sobrecogida de espanto. Delante de mí, cerca del emparrado, había un bidón de cal y sobre el bidón estaban bailando dos horribles diablillos con una agilidad asombrosa a pesar de las planchas que llevaban en los pies. De repente, fijaron en mí sus ojos encendidos y luego, en ese mismo momento, como si estuvieran todavía más asustados que yo, saltaron del bidón al suelo y fueron a esconderse en la ropería, que estaba allí enfrente. Al ver que eran tan poco valientes, quise saber lo que iban a hacer y me acerque a la ventana. Allí estaban los pobres diablillos, corriendo por encima de las mesas y sin saber que hacer para huir de mi mirada; a veces se acercaban a la ventana mirando nerviosos si yo seguía allí, y al verme, volvían a echar a correr como desesperados.
Seguramente este sueño no tiene nada de extraordinario. Sin embargo, creo que Dios ha querido que lo recuerde siempre para hacerme ver que un alma en estado de gracia no tiene nada que temer de los demonios, que son unos cobardes, capaces de huir ante la mirada de un niño
Historia de un Alma. Santa Teresa de Lisieux

“Cuando Giotto pintó diablos en su obra les proporcionó, de acuerdo con la iconografía diabólica emparentada con la de los judíos: nariz ganchuda, barba marcada y cuernos; además de tener color oscuro. Así lo pintó en la Capilla Scrovegni de Padua, aconsejando a Judas la entrega de Cristo. Esta diablo asesor presenta los rasgos propios de los demonios pintados por el maestro italiano, que también se repiten en otra escena de la historia de san Francisco, donde aparece el santo expulsando a los demonios de Arezzo”

Santa Teresa de Lisieux

Dios mío yo lo escojo todo. No quiero ser santa a medias, no me asustaría sufrir por ti, solo me asusta una cosa, conservar mi voluntad. Tómala, pues yo escojo todo!, lo que tu quieras


Familia de Santa Teresa de Lisieux

Siete años han pasado desde que la florecilla echó raíces en el jardín del Esposo de las vírgenes, y ahora tres lirios -contándola a ella- cimbrean allí sus corolas perfumadas; un poco más otro lirio se está abriendo bajo la mirada de Jesús. Y los dos tallos benditos de los que brotaron estas flores están ya reunidos para siempre en la patria celestial… Allí se han encontrado con los cuatro lirios que no llegaron a abrir sus corolas en la tierra… Ojalá Jesús tenga a bien no dejar por mucho tiempo en tierra extraña las flores que aún quedan en el destierro! Ojalá que pronto el ramo de lirios se vea completo en el cielo!


Historia de un Alma. Santa Teresa de Lisieux

Dios se abajó


Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla que no opone resistencia alguna a su gracias, que en el alma más sublime. Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la iglesia con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos; y ha creado al pobre salvaje, que solo tiene para guiarse la ley natural. Y también a sus corazones quiere Él descender!. Estas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina…
Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza. Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, como si sólo ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella. Y así como en la naturaleza todas las estaciones están condenadas de tal modo que en el momento preciso se abra hasta la más humilde margarita, de la misma manera todo está ordenado al bien de cada alma.
Historia de un Alma. Santa Teresa de Lisieux