Evangelio

Aleluya, aleluya, alaluya. Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya, aleluya, alaluya.  EVANGELIO Jn 16, 20-23a. Nadie os quitará vuestra alegría. Lectura del santo Evangelio según san Juan.  EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:     «En verdad, en verdad os digo:Sigue leyendo «Evangelio»

Un solo Dios y Hombre

Siguiendo, pues, a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad, y consubstancial con nosotros según laSigue leyendo «Un solo Dios y Hombre»

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya. No os dejaré huérfanos –dice el Señor–; me voy y vuelvo a vuestro lado, y se alegrará vuestro corazón. Aleluya, aleluya, aleluya.   EVANGELIO Jn 16, 16-20. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. Lectura del santo Evangelio según san Juan. EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:  Sigue leyendo «Evangelio»

Amar la prójimo

Por eso, al entrar en este mundo, [Cristo] dice: No quisiste sacrificio y oblación; pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!» (Hb 10, 5-7; Sal 40, 7-9)

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya. Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros.  Aleluya, aleluya, aleluya.  EVANGELIO Jn 16, 12-15. El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena. Lectura del santo Evangelio según san Juan. EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:     «Muchas cosas meSigue leyendo «Evangelio»

El Amor de Dios

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él (1 Jn 4, 9) Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino queSigue leyendo «El Amor de Dios»