Jesús con ningún pecado fue tan duro

Jesús acogió a pecadores, a publicanos y prostitutas, comió con ellos, y los hizo amigos y discípulos suyos; sin embargo, vemos en el Evangelio cómo trataba con dureza a los escribas y fariseos: “Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas… sepulcros blanqueados… serpientes, raza de víboras” (Mt 23,13), nos parece sorprendente cómo Jesús, que nos trae la Buena Nueva del amor y la misericordia de Dios, pueda hablarles de tal manera; ¿acaso no eran ellos los más observantes de la ley? ¿Acaso no pertenecían al pueblo elegido? Había una sólo razón para que Jesús reaccionara de tal manera frente a ellos: la soberbia y obstinación que había en sus corazones, hasta el punto de creerse santos y ya salvados. Él nunca rechazó a un pecador, pero sí a los soberbios: “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes” (Sant 4,6), “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,52), “porque todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado” (Lc 14,11). La soberbia es un pecado tan grave ante Dios – pues es querer ocupar el lugar de Dios mismo- que hizo de ángeles, demonios; tal fue el caso de Satanás.

Muchas veces tendemos a confundir la humildad con la pobreza, y creemos que los únicos soberbios son los ricos. También, muchos de nosotros nos creemos humildes, simplemente, porque no somos vanidosos o arrogantes o porque no alardeamos de lo que tenemos. Sin embargo, hay que decir que la soberbia se manifiesta de múltiples maneras y es solapada, es decir, se esconde, y muchos de los que la padecen ni siquiera lo advierten. Por ello, es necesario hacer un intento de descripción del espíritu soberbio para examinarnos al respecto:

a) El soberbio es egoísta

Egocéntrico: “primero yo, segundo yo, tercero yo…”

Siempre está hablando de sí mismo: “yo quiero, yo pienso, yo tengo…”

Quiere que le den (ser amado) y no da (no ama).

Quiere ser servido y no servir.

Es posesivo: “mi cuarto, mis cosas… lo mío.”

Vive para sí, para procurarse placeres, es individualista y por tanto termina sólo.

El humilde, en cambio, vive para los demás, se dona, se entrega, y se hace servidor de todos; y por ello, al humilde todos lo quieren.

b) El soberbio se cree muy bueno

No reconoce sus errores.

La culpa siempre la tiene el otro.

Cree que no tiene nada que cambiar “yo no mato, yo no robo”… “este retiro no es para mí.”

No reconoce sus pecados “¿por qué me voy a confesar con un cura más pecador que yo?”

Es rencoroso, no perdona y no sabe pedir perdón.

Siempre gana la pelea, la discusión, y termina por perder familia, amigos, trabajo… La soberbia no deja sino desastres y pérdidas. El humilde en cambio cede y gana más.

El soberbio se enoja cuando no consigue lo que quiere.

c) El soberbio siempre quiere tener la razón

Levanta la voz.

Se impone: “aquí se hace lo que yo digo.”

Cree que se las sabe todas: “¿estos ignorantes creen que me van a enseñar a mi?”

Es un racionalista que todo lo pone en duda (hace preguntas para cuestionar).

Se atreve a negar a Dios porque no le cabe en su cabeza; pretende someterlo a una prueba de laboratorio.

d) El soberbio no obedece

Es rebelde: “a mí nadie me manda.”

No obedece ni la ley de Dios, ni a sus superiores: “yo sé lo que me conviene.”

No escucha consejos, y acaba mal.

e) El soberbio se cree mejor que los demás

Siempre quiere ser el primero.

No acepta las derrotas.

Es impaciente y grosero.

Trata a los demás con desprecio.

Humilla a sus empleados.

Mira con desprecio a los pobres e indigentes.

Se cree más por su riqueza (carros, casas, ropa), belleza, inteligencia (titulos).

Busca siempre la comodidad, los lujos.

Se queja de la incomodidad, no soporta el menor sacrificio.

Reniega ante el sufrimiento.

f) El soberbio vive de las apariencias

Siempre está aparentando lo que no es.

Busca ser alabado y reconocido.

Vive del qué dirán: “me miró, no me miró… me dijo, no me dijo.”

Quiere llamar siempre la atención: es bulloso y extravagante.

El soberbio es ambicioso.

g) El soberbio se cree autosuficiente

Cree no necesitar de los demás, ni de su familia, ni de Dios.

Llega la enfermedad y le reduce a la dependencia de los demás.

En definitiva, hay que decir que la soberbia es inseguridad, baja autoestima; el soberbio pide a gritos “quiéranme”, “préstenme atención”, “¿soy importante?”. El soberbio es un pobre esclavo que se esconde permanentemente bajo una máscara.

Los hijos de María debemos tener especial cuidado de no caer en la soberbia, pues nuestra amada madre se hizo al esclava del Señor, se humilló, se reconoció como una criatura pobre y necesitada de su Dios. Y mucho más cuidado aún debemos tener con la soberbia espiritual, aquella que nos puede hacer creer que ya somos santos, que somos más buenos y más virtuosos que los demás, que tenemos el derecho de juzgar y condenar a nuestro prójimo; ésta soberbia sí que es aborrecida por Dios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s