Vio y creyó

La tela que lo había envuelto, mucho más pesada que el simple paño que se encontraba sobre su rostro, cayó por la propia acción de la ley de gravedad, lo mismo que las vendas que quedaron «extendidas»; sin embargo, el sudario (pañuelo) que se encontraba sobre su rostro, mucho más ligero y pequeño y, por así decirlo, «almidonado» por el desecado de los aromas líquidos, al recibir el golpe de calor de la Resurrección, quedó «por el contrario» (chorís) «envuelto», en una «posición singular» o «única» (eis), como envolviendo algo que ya no estaba… Y es esto lo que llamó la atención de los apóstoles. Llegamos entonces a la traducción final del texto joánico según el padre Persili, que podría colocarse así: «Juan, inclinándose, advirtió que las cintas estaban extendidas, pero no entró. Llegó entretanto Simón Pedro que lo seguía y entró en el sepulcro y contempló las cintas extendidas y el sudario, que había estado sobre la cabeza, no extendido con las cintas, sino por el contrario, envuelto en una posición singular. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepultcro; vio y creyó» (Jn 20,4- 8)

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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