Nuestros modernos jefes de Estado (en cuyos juramentos nadie cree sinceramente)



Orden social, orden político y orden religioso estaban imbricados en la sociedad medieval, de una manera que en nada se asemeja a la sociedad moderna. Las limitaciones políticas eran un producto de tal imbricación. Así, los reyes disponían de un poder insignificante si se lo comparara con el de nuestros modernos jefes de Estado (en cuyos juramentos nadie cree sinceramente): y la insignificancia de su poder era, al mismo tiempo, causa y efecto de la ausencia de Estado.

Los distintos estamentos, la Iglesia y la tradición constituían, principalmente, la razón de sus limitaciones. Un gran jurista feudal como Bracton decía: «Pero el rey tiene un superior, a saber, Dios. También la ley, por la cual fue hecho el rey. Y de igual modo su corte, es decir, los condes y barones, pues se dice que los condes son como asociados del rey, y quien tiene un asociado tiene un señor. Y así, si el rey estuviera sin freno, es decir, sin la ley, deben ponérselo».

De Jouvenel también ha llamado la atención sobre la fragmentación del poder medieval, sus contrapesos y limitaciones de distinta índole: «Recordemos, sin insistir sobre ello, que el Poder medieval era compartido (con la Curia Regis), limitado (por otros poderes, autónomos en su ámbito) y que, sobre todo, no era soberano». Y no pudo ser
soberano por mucho tiempo, mientras se halló por debajo de los preceptos de la tradición, los estamentos y, fundamentalmente, por la soberanía divina a la cual necesariamente debía ajustar sus leyes y su proceder.

¿No habría que recordar al respecto, acaso, la metáfora de las dos espadas de san Bernardo, según la cual «la [espada] temporal debe esgrimirse para la Iglesia y la espiritual por la Iglesia»? ¿O bien la imagen del sol y la luna que utilizó Inocencio III para comunicar la misma idea, según la cual «así como la luna deriva su luz del sol, al que es inferior tanto en calidad como en cantidad, en posición y en efecto, el poder real deriva el esplendor de su dignidad del poder del Papa»?

*El rey feudal no poseía ninguna de las atribuciones que hoy parecen normales
en la autoridad política. No podía promulgar leyes generales ni imponer impuestos
para la totalidad de su reino, Ni siquiera estaba en su poder movilizar un ejército
nacional> (Ibíd., P. * 118)

George Sabine, Historia de la teoria poltica (México; FCE 2015), 86

De Jouvenel, Sobre el poder, P. – 77.

*La doctrina del origen divino del poder fue en sus origenes una manera de limitar al poder, haciendo del príncipe un mandatario. De Jouvenel ofrece ejemplos dignos de ser aquí citados: <IvO de Chartres, al escribir a Enrique I de Inglaterra tras su acceso al poder: «Príncipe, no olvidéis que sois servidor de los servidores de Dios y no dueño; sois protector y no propietario de vuestro pueblo’ >> En el siglo XIII le advertía el arzobispo al rey de Francia al ponerle la
corona:
<Por ella OS hacéis partícipe de nuestro ministerio; lo mismo que nosotros somos en lo espiritual pastores de almas, debéis VOS ser en lo temporal verdadero servidor de Dios>

*Varios siglos antes, san Agustín escribía en su Comentario a la epístola a los Romanos: <porque creemos en Dios, y estamos Ilamados a Su reino, no tenemos por qué estar sometidos a ningún hombre que trate de destruir el don de la vida eterna que Dios nos ha dado.

La sujeción de los reyes al poder espiritual se ve claramente en la imagen del emperador Enrique IV arrodillándose ante Gregorio VII.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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