Las cuatro vías para demostrar la veracidad del Cristianismo


Primera vía: El argumento de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento
Premisa 3

El argumento de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento Enunciación La primera vía para mostrar la veracidad de la religión cristiana se basa en la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento y se estructura como sigue:

1. Dada la naturaleza de las cosas que narra, si el Nuevo Testamento es históricamente fiable, entonces el Cristianismo es la religión verdadera.
2. Un documento se considera históricamente fiable si es que pasa la prueba bibliográfica, la prueba de la evidencia interna y la prueba de la evidencia externa.
3. Pero el Nuevo Testamento pasa la prueba bibliográfica.
4. Y la prueba de la evidencia interna.
5. Y también la prueba de la evidencia externa.
6. Por consiguiente, el Nuevo Testamento es históricamente fiable.
7. Luego, el Cristianismo es la religión verdadera.


Premisa 3: “El Nuevo Testamento pasa la prueba bibliográfica”.

La prueba bibliográfica se refiere a la cuestión de la integridad, es decir, si podemos confiar en que los documentos con los que actualmente contamos se corresponden con el original. Esto, a su vez, implica dilucidar tres cuestiones:
1) cuántos manuscritos tenemos,
2) cuán tempranos son estos manuscritos, y
3) con cuánta precisión fueron transmitidos.

Así, si un determinado documento cuenta con un número muy bajo de manuscritos que a su vez fueron elaborados muchos siglos después de que sucedieron los eventos históricos que refieren y, además, exhiben un alto grado de distorsión en el copiado y transmisión, debe decirse que este documento no pasa la prueba bibliográfica. Pues bien, con respecto a la primera cuestión el Nuevo Testamento tiene una ventaja prácticamente insuperable. La mayoría de obras de la Antigüedad cuya autenticidad aceptan los historiadores tiene un número de copias que no supera los dos dígitos. La Ilíada, que es la segunda obra de la Antigüedad en términos de cantidad de manuscritos, es un caso excepcional con sus 647 copias .
¿Y qué sucede con el Nuevo Testamento? Es la obra con más copias manuscritas de la Antigüedad. Cuenta con 5664 manuscritos en el idioma griego original y con alrededor de 18000 en otros idiomas (latín, siríaco, etíope, etc.). O sea, ¡existen cerca de 24000 copias manuscritas de porciones del Nuevo Testamento! Por tanto, como ha dicho el académico británico F. F. Bruce: “No hay cuerpo de literatura antigua en el mundo que disfrute de tal riqueza de buen testimonio textual que el Nuevo Testamento”.
En cuanto a la segunda cuestión -la de cuán tempranos son los manuscritos- podemos decir sin exageración que el Nuevo Testamento tiene más autoridad que cualquier obra clásica. Y es que, como anota F. F. Bruce, “ningún erudito en literatura clásica estaría dispuesto a escuchar el argumento de que la autenticidad de Herodoto o de Tucídides sea puesta en duda por el hecho de que los manuscritos más primitivos de sus obras que podemos leer fueron escritos 1300 años después de escritas las obras originales”; mientras que, comparativamente, el intervalo entre los originales neotestamentarios y sus primeras copias es muy corto. Estudios realizados sobre las obras de autores de finales del siglo I y principios del siglo II como Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía o Policarpo de Esmirna, que fueron discípulos de los apóstoles, revelan cuantiosas referencias a los escritos del Nuevo Testamento. Por ejemplo, Clemente en su Carta a los Corintios, datada en torno a las dos (o incluso tres) últimas décadas del siglo I, cita numerosas frases que aparecen en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas y ocho epístolas del Nuevo Testamento. Es muy probable que dichos documentos fueran escritos algún tiempo antes para que Clemente haga esas referencias (7).

Y, por supuesto, hay evidencia adicional e independiente que apoya la inferencia anterior. Por ejemplo, tenemos evidencia de que el Evangelio de Lucas se escribió tempranamente pues es anterior a Hechos de los Apóstoles, del mismo autor (cfr. Hechos 1: 1), y este último libro, que narra los sucesos más relevantes de la primera comunidad cristiana, no menciona “la persecución de Nerón a los cristianos en el 64 d. C. o las muertes de Santiago (62 d. C.), Pablo (64 d. C.) y Pedro (65 d. C.)” de modo que la inferencia más razonable, dado que se trata de hechos importantísimos, es que simplemente se haya escrito antes de tales eventos con lo cual debería fecharse en torno al año 61 siendo el Evangelio de Lucas más temprano todavía.

Y así, en general, tenemos manuscritos disponibles (léase, copias de los originales) de prácticamente todos los libros del Nuevo Testamento en un rango de no más de 300
años luego de los eventos, lo cual es sumamente temprano considerando que en el caso de otros escritos antiguos “el rango para toda la literatura fluctúa entre 300 y más de 1500 años después de la autoría”. De este modo, si algún escéptico quiere rechazar los documentos neotestamentarios solo por tener copias de unas cuantas décadas después de los eventos ¡que rechace también todos los documentos de la historia antigua cuyas copias más tempranas disponibles son no décadas sino varios siglos posteriores a la autoría original y los eventos narrados! Finalmente, en lo que se refiere a la tercera cuestión -la de la precisión en el proceso de transmisión- tenemos que Bruce Metzger, profesor de la Universidad de Princeton, publicó un análisis en el que comparaba los niveles de distorsión en la transmisión y el copiado de tres obras importantes de la Antigüedad: la Ilíada de los griegos, el Mahabharata de los hindúes y el Nuevo Testamento de los cristianos.
¿Y qué halló? Que, si se toman exclusivamente en cuenta las variantes que afectan de modo directo al sentido del texto, la tasa de distorsión del Mahabharata era de alrededor del 10%, la de la Ilíada estaba cerca del 5% y la del Nuevo Testamento era de 0,2%, o sea, ¡la veinticincoava parte de la distorsión hallada en la Ilíada, que tiene una de las más bajas tasas de distorsión entre los libros de la Antigüedad! Y no solo eso, sino que “podemos ahora documentar en los escritos de la iglesia primitiva 89000 citas del Nuevo Testamento. Sin ninguna Biblia ni manuscritos -podrían tirarse o quemarse todos- se podría reconstruir todo el Nuevo Testamento a excepción de once versículos, en base de un material escrito dentro de los 150 y 200 años de la época de Jesucristo”

Por tanto, podemos concluir sin temor a equivocarnos que el Nuevo Testamento supera con creces la prueba bibliográfica. Y es que, como hemos visto, “el intervalo entre las fechas de la redacción original y la evidencia existente más antigua se hace tan pequeño que de hecho se torna despreciable, y ha quedado ahora eliminada la última base para cualquier duda de que las Escrituras no nos hayan llegado sustancialmente tal como fueron escritas. Tanto la autenticidad como la integridad general de los libros del Nuevo Testamento pueden considerarse como establecidas definitivamente”

Chauncey Sanders, An Introduction to Research in English Literary History, Ed Macmilan Company, New York, 1952, pp. 143ss

Bruce Metzger, The Text of the New Testament, Oxford University Press, New York, J 1968, P.

F.F Bruce, The Books and the Parchments Ed Fleming H Revell, New Jersey, 1963 p. 178

F. F Bruce The New Testament Documents: Are They Reliable? Inter Varsity Press, Illinois, 1964, Pp. 16ss.

G Edmundson, The Church in Rome in the First Century, Ed Longmans, London, 1913
PP- . 180-205

Paul Barnett, Is the New Testament Reliable?: A Look at the Historical Evidence, InterVarsity Press, Downers Grove, 1986, J P 39

Josh McDowell, A Ready Defense, Ed Thomas Nelson Publishers, Nashville, 1993, P. 😯

Donald Bierle Sorprendido por la Fe J Faith Search International, 2005 p. 47

Bruce Metzger, Chapters in the History of New Testament Textual Criticism, Ed Eerd-
mans, Grand Rapids, 1963 pp. 144-151

Josh McDowell y John Gilchrist, El Islam a Debate, SEDIN, 1999 p. 51

Frederic Kenyon, The Bible and Archaeology Ed. Harper and Row, New York, 1940, pp. .
288-289

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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