William Lane Craig



Doctor en Filosofía, Doctor en Teología, escritor, conferencista… William Lane Craig es el apologista cristiano más influyente de nuestro tiempo. Actualmente viaja por todo el mundo debatiendo con ateos… y haciendo creyentes. William Lane Craig nació en Peoria (Estados Unidos) el 23 de agosto de 1949. Como él mismo cuenta era un adolescente “relativamente marginado y con cierto conocimiento del Cristianismo”, pero cuando tenía 16 años su vida dio un vuelco total: oyó el mensaje del Evangelio y decidió entregar su vida a Cristo. A partir de allí experimentó un gran “renacimiento espiritual” y, ansioso por servir a su Señor, siguió estudios de grado en el Wheaton College de Illinois e inmediatamente buscó un doctorado. Así siguió sus estudios de postgrado en la Trinity Evangelical Divinity School (1974- 1975), la Universidad de Birmingham (1977) y la Universidad de Munich (1984), obteniendo los grados de Doctor en Filosofía y Doctor en Teología. Luego de eso, y con una familia recién formada junto a su amadísima esposa Jan, se muda a la Universidad Católica de Louvain (Bélgica) en 1987 para seguir investigando y estudiando hasta que en 1994 vuelve a Estados Unidos para desempeñarse como profesor de Investigación Filosófica en la Escuela de Teología de Talbot (California). Y es justamente ahí donde se inicia el periodo más interesante de la vida de Craig.

Siendo ya internacionalmente reconocido como uno de los mejores apologistas cristianos del mundo, comienza a recibir continuamente invitaciones de importantes universidades e instituciones para debatir sus puntos de vista con intelectuales no creyentes. Así, sostiene debates con pensadores y filósofos de la talla de Peter Atkins (51), Quentin Smith (52), Bart Ehrman (53), John Shook (54), Christopher Hitchens (55), Lawrence Krauss (56), Sam Harris (57), Stephen Law (58), Peter Milican (59), Alexander Rosenberg (60) y Sean Carroll (61), entre otros. Toda una eminencia. Craig es un verdadero amo del debate. De razón que hasta Richard Dawkins, el más famoso de los ateos militantes de la actualidad, le tema y hasta ahora no quiera debatir con él. Pero Craig no solo es un gran intelectual sino también un gran cristiano que siempre muestra su amor por Dios. Así, por ejemplo, en su debate contra Christopher Hitchens, cuando este lo retó a nombrar una sola acción moral que un no creyente no pudiera realizar, Craig le respondió: “Amar a Dios. Esta, que es la mayor y más importante acción moral que una persona puede realizar, no puede ser realizada por un no creyente” (62). Esa respuesta no solo sacudiría de pies a cabeza a un no creyente que puede no estar realizando la acción moral más importante de todas sino también (y muy probablemente sobre todo) al creyente insensato que, conociendo a Dios, no lo ama con todo su corazón. Pero tal vez la mejor forma en que Craig muestra su amor a Dios es por medio de la predicación apologética, gracias a la cual ha llevado a varias personas hacia la fe. Citemos en extenso su testimonio: “No ha sido mi experiencia el que la apologética sea ineficaz en la evangelización. Continuamente estoy emocionado de ver a la gente entregar sus vidas a Cristo, a través de presentaciones apologéticamente orientadas del Evangelio. Después de una plática a favor de la existencia de Dios o evidencia a favor de la resurrección de Jesús o una defensa del particularismo cristiano, a veces termino con una oración para que entreguen su vida a Cristo, y las tarjetas de comentarios indican aquellos que han registrado tal entrega. Apenas esta primavera pasada, di un tour de conferencias en las universidades de Illinois, y estábamos entusiasmados de encontrar que casi cada vez que di esa presentación, los estudiantes tomaban decisiones para Cristo. ¡Hasta he visto estudiantes venir a Cristo solo al oír una defensa del argumento cosmológico kalam! (…) Uno de los casos más emocionantes fue el de Eva Dresher, una física polaca que conocimos en Alemania poco después de que terminé mi doctorado en filosofía. Conforme Jan y yo hablábamos con Eva, llegó a mencionar que la física había destruido su creencia en Dios y que la vida ya no tenía significado para ella. ‘Cuando veo al universo todo lo que veo es obscuridad’, decía, ‘y cuando me veo a mí misma, todo lo que veo es obscuridad interior’ (¡ cuán triste declaración del predicamento moderno!). Bueno, en ese momento Jan le ofreció: ‘¡ Oh, deberías leer la disertación doctoral de Bill! Usa la física para probar que Dios existe’. Así que le prestamos mi disertación del argumento cosmológico para que la leyera. En los siguientes días ella se mostró progresivamente más entusiasmada. Cuando llegó a la sección de astronomía y astrofísica, ella estaba muy contenta. ‘¡ Conozco a los científicos que estás citando!’ exclamó asombrada.

En el momento que llegó al final su fe había sido restaurada. Ella dijo: ‘Gracias por ayudarme a creer que Dios existe’. Le contestamos: ‘¿ Te gustaría conocerle de una manera personal?’ Entonces hicimos una cita para volver a verla esa misma tarde en un restaurante. Mientras, de memoria, preparamos nuestro propio folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales. Después de la cena abrimos el folleto y empezamos: ‘Así como hay leyes físicas que gobiernan nuestro universo físico, así también existen leyes espirituales que gobiernan nuestra relación con Dios…’. ‘¡ Leyes físicas! ¡Leyes espirituales!’ exclamó. ‘¡ Esto es justo lo que necesito!’ Cuando llegamos a los círculos al final que representan dos vidas y le preguntamos qué círculo representaba su vida, puso su mano sobre los círculos y dijo: ‘¡ Esto es muy personal!, no puedo contestar ahora’. Así que le animamos a que se llevara el folleto a casa y le entregara su vida a Cristo. Cuando la vimos el día siguiente, su rostro se veía radiante de gozo. Nos dijo cómo se había ido a casa y en la privacidad de su cuarto hizo la oración para recibir a Cristo. Luego, tiró en la taza del baño todo el vino y los tranquilizadores que había estado consumiendo. Era una persona verdaderamente transformada. Le dimos una Biblia Good News y le explicamos la importancia de mantener una vida devocional con Dios. Nuestros caminos se apartaron por varios meses. Pero cuando la vimos otra vez, todavía estaba entusiasmada con su fe, y nos dijo que sus posesiones más preciadas eran su Biblia y su folleto hecho a mano de Las Cuatro Leyes Espirituales. Fue una de las ilustraciones más vívidas que he visto de cómo el Espíritu Santo puede usar los argumentos y la evidencia para atraer a la gente a un conocimiento de Dios que salva. (…) Ha sido emocionante, también, escuchar historias de cómo la gente ha llegado a Cristo por leer algo que he escrito. Por ejemplo, cuando estaba dando conferencias en Moscú hace unos años, conocí a un hombre de Minsk en Belorusia. Me dijo que poco después de la caída del comunismo había escuchado a alguien leer en ruso por la radio de Minsk mi libro La Existencia de Dios y el Principio del Universo. Al final de la transmisión se había convencido que Dios existe y rindió su vida a Cristo. Me dijo que hoy en día está sirviendo al Señor como anciano en una iglesia bautista en Minsk. ¡Alabado sea Dios! Previamente, este año en la Universidad A& M de Texas, conocí a una mujer que asistía a mis conferencias. Me dijo con lágrimas en los ojos que por 27 años se había alejado de Dios y se sentía desesperanzada. Curioseando en una librería Border se topó con mi libro Por Favor ¿Quiere Ponerse de Pie el Auténtico Jesús?, el cual contiene mi debate con John Dominic Crossan, copresidente del radical Seminario de Jesús, y compró una copia. Dijo que al leerlo, fue como si la luz simplemente viniera y le entregó su vida a Cristo. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo que era una psicóloga que trabaja en una cárcel de mujeres en Texas. Solo piensen en la influencia cristiana que puede tener en un ambiente tan desesperado. Si me permiten, una última historia. Los últimos años, he tenido el privilegio de estar involucrado en debates con apologistas islámicos en varios campus universitarios en Canadá y en los Estados Unidos. Este verano, temprano un sábado por la mañana, recibí una llamada telefónica. La voz del otro lado de la línea dijo: ‘¡ Hola! ¡Soy Sayd al- Islam llamando desde Omán!’. Pensé: ‘¡ Oh, no! Me encontraron’. Continuó explicando que había secretamente perdido su fe musulmán y se había vuelto ateo. Pero al leer varias obras apologéticas cristianas, las cuales estuvo ordenando por Amazon.com, había llegado a creer en Dios y estaba al borde de hacer un compromiso con Cristo. Estaba impresionado con la evidencia de la resurrección de Jesús, y me había llamado porque todavía tenía algunas preguntas que necesitaba resolver.

Hablamos por una hora, y percibí que en su corazón él ya había creído en Cristo; pero quería ser cuidadoso y asegurarse de que tenía la evidencia en su lugar, antes de que tomara ese paso conscientemente. Me explicó: ‘Usted entiende que no puedo decirle mi verdadero nombre. En mi país debo llevar una doble vida, de otra manera me matarían’. Oré con él para que Dios le siguiera guiando a la verdad, y nos despedimos.

¿Pueden imaginarse cuán agradecido está mi corazón con Dios por usar estos libros -¡ y por el Internet!-, en la vida de este hombre? Historias como esas podrían multiplicarse, y claro está, nunca escuchamos la mayoría de ellas. Así que, aquellos que dicen que la apologética no es efectiva con los incrédulos deben estar hablando de su limitada experiencia. Cuando la apologética se presenta persuasivamente y se combina de una forma sensible con el Evangelio y un testimonio personal, el Espíritu de Dios concede usarla para traer a ciertas personas a Sí mismo. ¿La apologética es necesaria en esos casos? ¿Esas personas habrían aceptado a Cristo de cualquier forma, aun sin escuchar los argumentos? Creo que nos queda decir ‘¡ Solo Dios sabe!’” (63). Dios asista con su gracia al Dr. Craig para que siga conquistando almas por medio de la predicación apologética y también suscite más apologistas en los presentes tiempos postmodernos. Solo debemos rezar y tener fe en que lo hará… Quién sabe y tal vez el próximo “Craig” esté leyendo estas líneas

» Dios existe?», Carter Presidential Center, 3 de abril de 1998
» Dios existe?», Universidad de Harvard, abril del 2003
» Existe evidencia histórica de la resurrección de Jesús?», Colegio de la Santa Cruz, 28 de
marzo del 2006.
«Existe Dios?», Universidad de British Columbia, enero del 2008.
«La existencia de Dios», Universidad de Biola, 4 de abril del 2009
» Existe evidencia de Dios?», Universidad Estatal de Carolina del Norte, 30 de marzo del
2011
«Es el fundamento de la moral natural o sobrenatural?», Universidad de Notre Dame,
de abril del 2011
» Existe Dios?», Westminster Central Hall, 17 de octubre del 2011
«Existe Dios?», Universidad de Birmingham, 26 de octubre del 2011
» Es razonable la fe en Dios?», Universidad de Purdue, 1 de febrero del 2013
«Dios y cosmología», Greer Heard Forum 21 de febrero del 2014
William Lane Craig, «La existencia de Dios», debate contra Christopher Hitchens Universidad de Biola, 4 de abril del 2009 1 Segunda refutación
William Lane Craig, «La Apologética Cristiana: Quién la Necesita?», California Chris-
tian Apologetics Conference, September 2007

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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