Señor resucitado, deja que tu hija Asia resucite contigo. Rompe mis cadenas, haz que mi corazón se libere y se eleve más allá de estas rejas, y acompaña mi alma para que esté cerca de mis seres queridos, y para que permanezca siempre cerca de ti. No me abandones en el día de la angustia,Sigue leyendo «Asia Bibi»
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Católica
Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano (cf Mt 28, 19): «Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio deSigue leyendo «Católica»
Viva Cristo Rey
Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh! Job, 1 21
¿Un mal día, eh?
¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? 36 Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero. 37 Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, graciasSigue leyendo «¿Un mal día, eh?»
Nadie ni nadie me detiene
Yo lo puedo todo en aquel que me conforta Filipenses 4, 13
Humildad
Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos» (Flp 2, 10).
Sua sanctissima passione in ligno crucis nobis justificationem meruit
Este es mi cuerpo, está es mi sangre
En la víspera de su Pasión, estando todavía libre, Jesús hizo de esta última Cena con sus Apóstoles el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre (cf 1 Co 5, 7), por la salvación de los hombres: «Este es mi Cuerpo que va a ser entregado por vosotros» (Lc 22, 19) «Esta es mi sangreSigue leyendo «Este es mi cuerpo, está es mi sangre»
Cristo Crucificado
Y los demonios no son los que le han crucificado; eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados (S. Francisco de Asís, Admonitio, 5, 3) Cristo crucificado, Velázquez, Museo del Prado. 1632
Nuestra propia culpa
La Iglesia, en el magisterio de su fe y en el testimonio de sus santos, no ha olvidado jamás que «los pecadores mismos fueron los autores y como los instrumentos de todas las penas que soportó el divino Redentor» (Catecismo Romano, 1, 5, 11; cf. Hb 12, 3). Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzanSigue leyendo «Nuestra propia culpa»