Inmaculada Concepción de María



“Solemnidad de la Concepción Inmaculada de la bienaventurada Virgen María, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres, en previsión del nacimiento y de la muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el mismo primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida, por el papa Pío IX, como verdad dogmática recibida por antigua tradición” (Martirologio Romano).

La primera vez que se nombra esta fiesta, en el siglo VIII, parece que es en los cánones de san Andrés de Creta (+740). En el calendario marmóreo de Nápoles, del siglo IX, se señala el 9 de diciembre la Concepción de la Virgen María por santa Ana, pero no hay seguridad de que se celebrase como fiesta en ese lugar. Se encuentra esta fiesta en Irlanda en los días 3 y 7 de mayo, según aparece en algún breviario del siglo XI. Se halla en el Martirologio de Canterbury, de 1050, y se cree que fue suprimida cuando, con la victoria de Guillermo el Conquistador, se cambiaron las costumbres litúrgicas anteriores. Desde Inglaterra la fiesta se propagó a España, Francia y Alemania, pero según los liturgistas, el objeto del culto no estaba muy bien definido.
En el siglo XII apareció la gran controversia sobre si la Virgen María contrajo o no el pecado original, como todos los hombres. En el siglo XIII, grandes doctores escolásticos como Alejandro de Hales, Buenaventura (15 jul.), Alberto Magno (15 nov.), Tomás de Aquino (28 ene.) y Pedro de Tarantasia (14 sep.), futuro papa, Gil Romano, la rechazaban.
La reacción comenzó a finales del siglo, al parecer con los escritos del mercedario Pedro Pascual, obispo de Jaén.

La defensa del privilegio de la Inmaculada Concepción de María la tomaron como suya los franciscanos a partir de las enseñanzas de Duns Escoto (8 nov.), sumándose luego los carmelitas, los agustinos, los premonstratenses, los trinitarios, los benedictinos, los cistercienses, los servitas y los cartujos, y no faltando algunos dominicos como el beato Juan Taulero.
En ese siglo XIV se celebró el concilio de Basilea que, cuando estaba ya disuelto por el papa, sus miembros seguían reunidos, declararon como dogma de fe la Inmaculada Concepción de María (1439). En el siglo XV el papa Sixto IV aprobó repetidamente la fiesta. El concilio de Trento no juzgó oportuno definir aún la Inmaculada Concepción como dogma, pero precisó que en su decreto sobre la universalidad del pecado original no quería incluir a la Virgen María. San Pío V (31 may.), religioso dominico, incluyó la fiesta en el Breviario Romano. Clemente XI extendió la fiesta en 1708, como precepto, a toda la Iglesia y, por fin, el papa Pío IX (7 feb.) definió la Inmaculada Concepción de María como dogma de fe el día 8 de diciembre de 1854.
Las Cortes españolas en el año 1760 declararon a la Inmaculada Concepción de la Virgen María patrona de España y de todos sus dominios, declaración que fue aprobada por el monarca español Carlos III y posteriormente autorizada por el papa Clemente XIII.

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