Mes: abril 2021

Evangelios



Y aunque son cuatro los Evangelistas, el Evangelio no es más que uno, porque los cuatro libros que dieron contienen la misma verdad. Pues así como dos versos sobre un mismo tema difieren sólo por la diversidad de metro y de palabras, mas no por el pensamiento, que es el mismo, así los libros de los Evangelistas, siendo cuatro, constituyen un solo Evangelio porque contienen una misma doctrina sobre la fe católica

Beda

Los ángeles



Hoy en día es muy común escuchar hablar de los ángeles, lo lamentable es que esto se haga de una manera incorrecta y que se les tribute un culto que se sale de la ortodoxia de la fe católica; y es que la Nueva Era se ha convertido en la mayor promotora de esta desviación hablando de “¿Cuál es el nombre de tu ángel?”, “acoge la visita de tu ángel; deja la puerta abierta…” y un sin número de prácticas raras que nada tienen que ver con las enseñanzas de nuestra fe.

La doctrina católica nos enseña, respecto de los ángeles, que:

Son de naturaleza espiritual: «En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad» (Catecismo, 330).

Son criaturas personales (cf. Pío XII, encíclica. Humani Generis: DS 3891).

Inmortales (cf. Lc 20, 36).

Superan en perfección a todas las criaturas visibles.

Son mensajeros y servidores de Dios: «Desde la creación (cf. Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados “hijos de Dios”) y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf. Gén 3, 24), protegen a Lot (cf. Gén 19), salvan a Agar y a su hijo (cf. Gén 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf. Gén 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf. Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf. Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (cf. Jc 13) y vocaciones (cf. Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf. 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos» (Catecismo, 322).

Es importante aclarar que «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (Catecismo, 328), es decir, su existencia no puede ser puesta en duda.

¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra! (Salmo 103,20).

Obstáculos para la oración



También tenemos que hacer frente a mentalidades de “este mundo” que nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello que se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien, orar es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente); es valioso aquello que produce y da rendimiento (luego, la oración es inútil, pues es improductiva); el sensualismo y el confort adoptados como criterios de verdad, de bien y de belleza (y he aquí que la oración es “amor de la Belleza absoluta” [philocalía], y sólo se deja cautivar por la gloria del Dios vivo y verdadero); y por reacción contra el activismo, se da otra mentalidad según la cual la oración es vista como posibilidad de huir de este mundo (pero la oración cristiana no puede escaparse de la historia ni divorciarse de la vida)

Oración

Vosotros sois linaje escogido, nación santa, pueblo adquirido por Dios

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 6, 22-29.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

DESPUÉS de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

Palabra del Señor

Cuando venga el Reino

A lo largo de los siglos, los judíos han aludido al “fracaso” de Cristo y, en consecuencia, han propuesto seguir a la espera del Reino anunciado que, según ellos, es distinto del que defienden los cristianos. Los paganos que se oponían al cristianismo (Celso en el siglo II; Juliano en el IV) utilizaron la misma línea argumentativa. En los siglos XIX y XX algunos pocos cristianos unieron sus voces a este coro. Alfred Loisy estaba entre ellos; y también Germán F. C. Baur. Para este último, Pablo fué el auténtico inventor del cristianismo tal y como lo conocemos hoy, al adaptar la doctrina cristiana al hecho de que no llegara el Reino anunciado.

En el lado opuesto del espectro teológico que representan Baur y Loisy está C. I. Scofield. Su famosa obra Scofield Referent Bible ha inspirado a generaciones de americanos fundamentalistas. Scofield trata de dar respuesta a los críticos liberales, pero aceptando el punto de partida de aquellos; es decir que hay una ruptura entre la expectación del Reino y su venida. El razonamiento de Scofield discurre así: Jesús ofreció el Reino a los Judíos, pero ellos lo rechazaron, de manera que, en lugar del reino, estableció la Iglesia, com un “gran paréntesis” entre el ministerio de Jesús y la venida del verdadero Reino, que no llegará hasta después del “éxtasis”

En los días inmediatamente posteriores a la resurrección, uno de los discípulos preguntó: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel? (Hechos 1,6). Ésta angustiada pregunta resuena todavía después de dos milenios. Y es evidente que, después de todo este tiempo, algunos todavía encuentran dificultades en identificar lo que Dios prometió con lo que hoy tienen los cristianos

Debemos preguntarnos, sin embargo, si el problema proviene de lo dispuesto por Dios o de las expectativas humanas. Para resolver la cuestión, conviene volver al lugar de las Escrituras donde Jesús proclama su Reino en los términos más nítidos e íntimos, en la Última Cena. Al ser el Evangelio de Lucas el que nos proporciona mayor abundancia de detalles sobre el Reino

La fe es razonable (Scott Hahn)

Nuestra Señora de las Victorias

Basílica de Nuestra Señora de las Victorias, París Francia
Por aquí pasó Santa Teresa de Lisieux, camino en búsqueda del papa para el ingreso a la comunidad religiosa del carmelo a temprana edad

El Juicio y los castigos que esperan a los pecadores


En todo lo que haces, dices y piensas, mira el fin que te espera, y cómo estarás ante aquel severo Juez, a quien nada se oculta, que no se ablanda con regalos ni admite excusas mentirosas, sino que fallará estrictamente dando a cada uno lo justo.
O desdichado e imprudente pecador, ¿qué responderás, al que conoce perfectamente todos tus pecados, tú que sientes temblor y te acobardas al ver un superior disgustado?
¿Por qué no te previenes para el día del Juicio cuando nadie podrá disculpar o defender a nadie? Porque cada uno tendrá ya suficiente preocupación con la carga de sus pecados. Tu trabajo es ahora provechoso, tus peticiones de perdón son ahora escuchadas, tus súplicas son atendidas y tus sufrimientos te sirven para purificarte de tus pecados
Ahora, hermanos, lo que os digo es que el tiempo que nos queda es corto (1 Corintios 7)


Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Santo Sacrificio de la Misa

Sin la Santa Misa, ¿que sería de nosotros? Todos aquí abajo pereceríamos ya que únicamente eso puede detener el brazo de Dios. Sin ella, ciertamente que la Iglesia no duraría y el mundo estaría perdido sin remedio

Santa Teresa de Jesús

Evangelios



Y son cuatro las partes del globo terráqueo por las que se halla extendida la Iglesia de Jesucristo. Pero uno es el orden en que conocieron y predicaron, y otro el orden en que escribieron. Porque en el conocimiento y la predicación estuvieron primero los que siguieron al Señor presente en la tierra, lo escucharon cuando enseñaba, lo vieron obrar sus milagros, y recibieron de su misma boca el mandato de predicar. Pero al poner por escrito el Evangelio, lo cual sabemos que hicieron por disposición divina, tuvieron el primer y último lugar respectivamente dos de los que el Señor eligió antes de su Pasión: el primero es San Mateo; y el último, San Juan. De este modo, los otros dos, que no eran de este primer grupo pero que habían seguido a Cristo que hablaba por boca de los otros dos, como hijos que debían abrazar, y por esto ubicados en el medio, serían defendidos por ambos lados

San Agustín, de consensu evangelistarum, 1,2