La Eucaristía y la Sagrada Comunión

La Eucaristía y la Sagrada Comunión Excelencia, usted dijo antes que la solución a la actual crisis de la Iglesia es “redescubrir lo sobrenatural” y “dar primacía a lo sobrenatural en la vida de la Iglesia” a través de un enfoque renovado de la oración y de la Sagrada Eucaristía. ¿Puede volver ahora al misterio de la Presencia Real y comentar de su importancia? Cuando hablamos de la Eucaristía, tenemos que fijarnos en la esencia de la liturgia, en el misterio de la Eucaristía, y este es Cristo; el Cristo vivo, nuestro Dios Encarnado, quien realmente vive con su mente, su corazón, su alma, y su divinidad en el sacramento de la Sagrada Eucaristía. Pero en este misterio, Él está oculto, como su divinidad lo estuvo cuando caminó por la Tierra con su gente, enseñando y hablando con ellos. Era tan sencillo y aparentaba ser un hombre común y corriente—aunque la plenitud de la divinidad estaba presente en Él— mucha gente no le reconoció y le rechazó—los fariseos, los escribas y otros— por su humilde apariencia. San Pablo dice que Nuestro Señor Jesucristo, «tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre se humilló» (Fil 2,7). De una manera más profunda y radical lo mismo sucede en el misterio de la Eucaristía, que es una prolongación de la Encarnación. La Encarnación continúa porque ahora no solo la divinidad de Cristo está oculta en su humanidad, sino las especies eucarísticas de pan y vino ocultan tanto la humanidad como la divinidad de Cristo. Cristo está oculto, pero continúa siendo el mismo; vive aquí en la Tierra en la misma realidad que en Su Encarnación, pero en un modo diferente. Su humanidad en la Eucaristía es ya una humanidad glorificada, pero la humanidad glorificada es real y se puede tocar. Cuando Jesús resucitó de entre los muertos se podía tocar; tenía un cuerpo real pero transfigurado. Lo mismo sucede en la Eucaristía: su cuerpo real, su alma real y la completa plenitud de su divinidad se oculta bajo la apariencia de un pequeño trozo de pan.
Athanasius Schneider. Christus vincit!

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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