El orden en la naturaleza



El “orden” que observamos es algo puramente subjetivo, una proyección que hacemos con nuestras mentes hacia las cosas. En realidad no existe orden en el universo sino más bien desorden: hay estrellas que explotan, planetas que chocan y, lo que es más, nos dirigimos hacia la nada, hacia la muerte térmica del universo. Y eso solo para hablar a nivel del macrocosmos, porque a nivel del microcosmos la física cuántica ha demostrado que no hay orden ni regularidad sino más bien indeterminismo. Luego, no se prueba la conclusión de la quinta vía. Respuesta: Lo primero que hay que decir con respecto a esta objeción es que es epistémicamente autoinconsistente pues ¿cómo se percibe que algo se “des- ordena” sino comparándolo con el debido “orden”?, ¿cómo podría hallarse el “des- perfecto” sin el parámetro de lo bien regulado? En cuanto aquello de que el “orden” que observamos es algo “puramente subjetivo” hay que responder que en la práctica nadie lo cree así. A ciertos ateos que desdeñan el argumento teleológico les gusta decir que no existe orden ni propiamente leyes en el universo, pero cuando se trata de arrancar sus automóviles, leer las indicaciones de un frasco de veneno para ratas o calentar su comida en el microondas ¡simplemente se
olvidan de todo ello! Y es que, acostumbrados a observar los grandes logros de la ciencia nos olvidamos del mayor milagro de todos: ¡que la ciencia funciona! Por tanto, como decía el destacado astrofísico Paul Davies, “es importante entender que las regularidades de la naturaleza son reales.

A veces se argumenta que las leyes de la naturaleza, las cuales son intentos de capturar esas regularidades sistemáticamente, están impuestas al mundo por nuestras mentes para darle sentido. Es ciertamente verdadero que la mente humana tiene tendencia a concentrarse en los patrones, e incluso a imaginarlos donde no existen. Nuestros ancestros vieron animales y dioses entre las estrellas, e inventaron las constelaciones. Y todos nosotros hemos encontrados caras en las nubes, rocas y llamas. No obstante, creo que cualquier sugerencia de que las leyes de la naturaleza son proyecciones similares es absurda. La existencia de regularidades en la naturaleza es un hecho objetivo y matemático. Por otro lado las afirmaciones llamadas leyes que se encuentran en los libros de texto claramente son invenciones humanas, pero invenciones diseñadas para reflejar, aunque imperfectamente, propiedades de la naturaleza realmente existentes”. Ahora, yendo a los ejemplos que cita la objeción: ¿consiste el “orden” en que nada se destruya? No. Sin ir muy lejos tenemos la “destrucción” de un vacuno para gustar de un asado o la trituración de tomates y el cortado de lechugas para una ensalada. Nadie llama “desorden” a eso. Unas cosas están sometidas a otras. De este modo, considerado dinámicamente, el pretendido “desorden” no es nunca absoluto sino más bien relativo. He ahí la esencia de la famosa teoría del caos: las estructuras del desorden siempre están ordenadas y, por tanto, el “caos” ya no es un “intruso” para la ciencia sino que más bien se ha convertido en un “socio del determinismo” (16). Pasemos ahora a la cuestión de la “muerte térmica” del universo: ¿consiste el orden en que nada se acabe? Obviamente que no. Poseemos muchos bienes que tienen vida útil limitada pero no por ello decimos que no han sido diseñados de acuerdo a un orden. En ese sentido la futura “muerte térmica” del universo de la que tanto nos hablan los científicos de ningún modo implica que no está diseñado, sino más bien que no es subsistente y, por tanto, que no puede ser Dios. Es claro, entonces, que la Segunda Ley de la Termodinámica se constituye como la refutación del panteísmo . Finalmente, para resolver del todo esta objeción, abordemos el mencionado problema del indeterminismo cuántico.

Quien conozca un poco sobre el tema ya sabrá que esto hace alusión al famoso principio de incertidumbre formulado en 1927 por el físico alemán Werner Heisenberg. De acuerdo con este principio uno no puede conocer con certeza la velocidad y posición de una determinada partícula subatómica al mismo tiempo porque el medir una cosa inevitablemente afectará a la otra. Por tanto, siempre estaremos en situación de incertidumbre con respecto al estado real de la partícula. ¿Significa esto que hay “indeterminismo” en el mundo cuántico? De ningún modo. Simplemente significa que hay indeterminismo en nuestro conocimiento del mundo cuántico y eso era justamente lo que quería dar a entender Heisenberg cuando escribía que: “las leyes naturales formuladas matemáticamente en la teoría cuántica ya no tratan de las partículas elementales mismas, sino de nuestro conocimiento de ellas” (18). Y la misma perspectiva tenían Rutherford, Schrödinger, Dirac, Bell y Einstein, siendo este último el que la expresó con mayor elocuencia al decir que “Dios no jugaba a los dados” y que “la mecánica cuántica es una disciplina para representar nuestra ignorancia, no una presentación de la situación en su verdadera realidad” (19). Por tanto, no hay que confundir indeterminismo epistémico con indeterminismo ontológico. Una cosa es que no podamos conocer con certeza el estado de las partículas subatómicas y otra muy distinta que éstas no tengan un estado definido. Y no solo eso. Es mucho más racional creer que el indeterminismo cuántico es puramente epistemológico porque solo así podemos conciliarlo con el orden y regularidad que observamos en el macrocosmos. Por el contrario, si creemos que este indeterminismo es ontológico sería imposible conciliarlo con lo otro ya que, como decía Bertrand Russell, “si el átomo individual es anárquico, ¿por qué habría de darse esta regularidad en los grandes números? (…) no creo que haya ninguna alquimia mediante la cual se pueda producir una regularidad en grandes números en base a un puro capricho en cada caso individual” .

Es hora, entonces, de que la física cuántica deje de jugar al avestruz y asuma el compromiso de encontrar una interpretación razonable, es decir causal, de la naturaleza microfísica. Decir que la realidad misma es indeterminada porque no podemos determinarla con certeza es pura arrogancia pues supone que somos omniscientes. Pero no lo somos. Por tanto, hay que seguir investigando para acercarnos a la “mente de Dios”. Él no juega a los dados…

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Fotografía brecol romanesco

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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