La justificación socio-cultural del relativismo moral.



De acuerdo con esta, los valores morales son relativos porque dependen de cada sociedad y cultura. Cada sociedad genera sus propios códigos morales y vive (o busca vivir) conforme a ellos. Así, mientras los mayas veían bien los sacrificios humanos, a nosotros nos parecen repugnantes; mientras a los hombres del medioevo les parecía el peor pecado el tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, a nosotros nos parece un “pecadillo”.

Todo depende de la sociedad y la cultura, no hay tal cosa como la moralidad objetiva o universal. Para refutar esta justificación basta y sobra con la argumentación presentada por el apologista cristiano C. S. Lewis en su ensayo “El veneno del subjetivismo”. Lo citamos en extenso porque vale la pena:

“¿Y qué de la objeción moderna de que los estándares éticos de diferentes culturas difieren tan ampliamente que no hay una tradición común en absoluto? La respuesta es que esta es una mentira –una buena, sólida, resonante mentira. Si un hombre fuese a una biblioteca a pasar algunos días con la Encyclopedia of Religion and Ethics pronto descubriría la masiva unanimidad de la razón práctica en el hombre. Del babilónico Himno a Samos, de las Leyes de Manú, el Libro de la Muerte, los analectos, los estoicos, los platonistas, de los aborígenes australianos y pielesrojas, recolectaría las mismas triunfantemente monótonas denuncias contra la opresión, el asesinato, la traición y falsedad, las mismas prescripciones de bondad a los ancianos, a los menores, a los débiles, a los pordioseros y de imparcialidad y honestidad. Quizá se sorprenda un poco (como a mí me sucedió) de encontrar que los preceptos de misericordia son más frecuentes que los preceptos de justicia; pero ya no dudará más que existe tal cosa como la Ley de la Naturaleza. Existen, por supuesto, diferencias. Existen aún cegueras en culturas particulares -tal y como existen salvajes que no pueden contar hasta veinte.

Pero la pretensión de que estamos ante un mero caos -que no hay un bosquejo de valores universalmente aceptados que se muestre- es simplemente falsa y debería ser contradicha a tiempo y fuera de tiempo en donde quiera que se le encuentre. Lejos de encontrar caos, encontramos exactamente lo que deberíamos esperar si el bien es de hecho algo objetivo y la razón el órgano a través del cual es aprehendido -esto es, un acuerdo sustancial con considerables diferencias locales de énfasis y, quizá, ningún código que incluye todo. Los dos grandes métodos de obscurecer este acuerdo son estos:

Primero, usted puede concentrarse en aquellas divergencias acerca de la moralidad sexual que la mayoría de los moralistas serios la consideran como perteneciente a la ley positiva más bien que a la natural, pero que levanta fuertes emociones. Las diferencias acerca de la definición de incesto o entre poligamia y monogamia vienen bajo este encabezado. (Es falso decir que los griegos pensaban que la perversión sexual era inocente. La continua risa disimulada de Platón es realmente más evidencial que la prohibición severa de Aristóteles. Los hombres se sonríen así solo acerca de lo que consideran como, al menos, un peccadillo: las bromas sobre embriaguez en Pickwick, lejos de probar que el inglés del siglo XIX pensaba que era inocente, prueba lo contrario. Existe una enorme diferencia entre la visión griega de perversión y la cristiana, pero no hay oposición).

El segundo método es tratar como diferencias en el juicio de valor lo que realmente son diferencias en creencias de hecho. Así el sacrificio humano, o la persecución de brujas, son citados como evidencia de una moralidad radicalmente diferente. Pero la diferencia real está en otro lugar. Nosotros no cazamos brujas porque no creemos en su existencia. Nosotros no matamos hombres para alejar la desgracia porque nosotros no creemos que así pueda ser alejada. Nosotros sí ´sacrificamos´ hombres en la guerra, y sí cazamos espías y traidores”.

Finalmente, tenemos la justificación evolucionista. El ya citado filósofo de la ciencia Michel Ruse la explica sin ambages: “La posición del evolucionista moderno… es que los seres humanos tienen consciencia de la moral (…) porque tal conocimiento es de valor biológico. La moral es una adaptación biológica no menos que las manos, los pies y los dientes. (…) Considerado como un conjunto racionalmente justificable de afirmaciones sobre algo objetivo, la ética es ilusoria. Soy consciente de que cuando alguien dice: ´Ama a tu prójimo como a ti mismo´, piensa que se está refiriendo a algo más allá de sí mismo. (…) Sin embargo, tal referencia verdaderamente carece de fundamento. La moralidad es simplemente una ayuda para la supervivencia y la reproducción (…) y cualquier significado más profundo es ilusorio”. El gran problema de esta visión es que resulta filosóficamente incoherente. En un esquema evolucionista no basta con decir que “la moral es una adaptación biológica”, es necesario explicar coherentemente el mecanismo específico por el que sucede eso.

Esta visión naturalista asume desde ya que el hombre es capaz de realizar valoraciones morales ¡pero eso es justamente lo que se debería explicar! No es para nada obvio que de un día para otro un grupo de primates desarrollados únicamente en base a un proceso material puedan realizar juicios de orden inmaterial en base a ideas universales y abstractas tales como “amor”, “justicia” o “bondad”. Puede incluso que todas las valoraciones morales del hombre sean arbitrarias, como cree el evolucionista, pero aun así queda en pie el hecho de que el hombre tiene la capacidad de realizar valoraciones morales y eso tiene que ser coherentemente explicado. De modo que el relativista de justificación evolucionista todavía tiene que vérselas con los argumentos que hemos presentado en nuestra respuesta a la segunda objeción… Queda, pues, refutada la objeción

Dante A. Urbina
¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado

Arthur Allen Leff, «Unspeakeable ethics unnature law», Duke Law Journal, 1979, D Pp
1229-1249

C. S. Lewis, «The poison of subjectivis men: Christian Reflections, Ed. Eerdmans, Grand
Rapids, 1967, pp. 77-78

Michael Ruse «Evolutionary theory and Christian ethics», en: The Darwinian Paradigm Ed. Routledge, London, 1989, pp. 262, 268

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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