La teoría del monoteísmo inicial



Ya establecidas del todo sus condiciones de posibilidad antropológica, nos toca ahora abordar la cuestión del origen histórico de la religión. De entrada hay que decir que se trata de una cuestión sumamente especulativa desde que no ha sido posible para los antropólogos encontrar una cultura absolutamente primigenia en base a la cual se pueda coherentemente decir “¡ Eureka, aquí hallamos el origen de la religión!”.

Uno puede, si quiere, ir a estudiar a los aborígenes australianos o africanos; pero no encontrará más que una referencia. Se trata ya de culturas complejas y nada nos asegura que conservan “congelados” sus elementos religiosos primigenios. Se trata de seres humanos, no de fósiles. Por tanto, debemos coincidir con Joseph Huby en que: “Ni los pigmeos, ni los australianos del Sureste, ni los bantúes sabrían informarnos evidentemente sobre la mentalidad del primer hombre” (6). Pues bien, dado ese contexto, existen varias teorías sobre el origen de la religión. Cualquiera de ellas puede ser consistente con nuestra argumentación (a excepción de las teorías materialistas, claro está).

No obstante, sin que ello sea necesariamente condicionante para nuestros desarrollos posteriores, en la presente obra abogaremos por la teoría del monoteísmo inicial. De acuerdo con la teoría del monoteísmo inicial la religión se origina con Dios revelándose a Sí mismo en la conciencia humana. El hombre desde ya lo percibe en su unicidad y lo adora. Pero luego, a raíz de “la caída”, se aleja de Él. Así, la primera forma que asume la religión es el monoteísmo, y a partir de allí se desvía hacia otras formas (panteísmo, animismo, politeísmo, henoteísmo, etc.). ¿Pero cómo es exactamente esta primera forma de religión? Es difícil determinarlo.

Sin embargo, el Dr. Winfried Corduan nos menciona nueve creencias (o más bien nociones) esenciales de la misma:
1) Dios es un ser personal;
2) se hace referencia a Él con gramática y cualidades masculinas;
3) se cree que vive en el cielo;
4) tiene gran conocimiento y poder;
5) Él creó el mundo;
6) es el autor de las normas morales;
7) creó a los seres humanos para que sean felices viviendo conforme a las normas que Él les había dado;
8) los seres humanos están alejados de Dios por desobedecer esas normas; y
9) Dios ha provisto un método para superar dicho alejamiento.

Ahora bien, ¿existe evidencia a favor de esta teoría? Sí, y muy buena a decir verdad. Son numerosos los ejemplos de pueblos que evidencian una creencia original en un Ser que, concebido en general bajo formas muy antropomórficas o incluso zoomórficas, anuncia desde ya, sin embargo, por uno u otro de sus caracteres, al Dios de las grandes religiones monoteístas. Ahí tenemos al Vatauineuva de los yaganes, cuyo nombre significa “el Muy Anciano” y al que se dirigen diciendo “Hipapuan”, es decir, “Padre Mío”. O al Tira- wa que los pawnees definen como “la fuerza de lo alto que mueve al mundo y vela sobre todas las cosas”. O al Nzambi del que los bantúes del África Occidental dicen que “es Aquel que nos ha hecho, nuestro padre”. Y no solo eso. También existe importante evidencia de cómo varias culturas han desviado su religiosidad a partir de un claro monoteísmo original. Así, por ejemplo, tenemos el caso del dios Shang Ti, que era adorado como el “Señor de los Cielos” en la antigua China. Con el pasar de los siglos, los chinos se apartaron del culto a Shang Ti y adoptaron las creencias del Confucionismo, Taoísmo y Budismo, que enseñaban el culto a los ancestros o a Buda. Sin embargo, aún luego de dos mil años, los chinos seguían mencionando el nombre de Shang Ti.

Caso similar es el del pueblo de los santal que vivían en la India. Se encontró que practicaban el animismo, rindiendo culto a elementos de la naturaleza. Sin embargo, antes de que se desarrollaran estas prácticas, adoraban a Thakur Jiu, el auténtico Dios que creó todas las cosas. Si bien sabían que Thakur Jiu era el Dios verdadero, la tribu dejó de adorarlo y comenzó a involucrarse en el espiritismo y el culto a los dioses menores que gobernaban algún aspecto de la creación. Y eso nos lleva al tema de las religiones politeístas. Estas, antes que refutar la teoría, la confirman. Y es que o bien le dan una supremacía absoluta y cualitativa a algún dios o bien postulan la existencia de un principio trascendente al cual se hallan sometidos incluso los dioses mismos. Como ejemplo de lo primero tenemos a los incas de Sudamérica, quienes reconocían a Wiracocha como “el Señor creador de todas las cosas” pese a que le rendían más culto a Inti, el dios sol, o a la Pachamama, diosa de la tierra. Y como ejemplo de lo segundo tenemos a los griegos, para los cuales dioses como Zeus e incluso titanes como Cronos estaban sometidos a una fuerza inobjetable llamada Destino (cualquiera puede comprobar esto releyendo la mitología griega o revisando obras tales como La Ilíada y La Odisea). A su vez, existe importante evidencia de aquel “alejamiento de Dios” del que nos habla el Dr. Corduan.

Y esto en plena correspondencia con lo que habíamos dicho al hablar del pecado original: el hombre se siente en ruptura con Dios y aun así, por egoísmo y soberbia, le da la espalda. “Nzambi nos ha abandonado, ¿por qué ocuparnos de Él?”, dicen los bantúes. “Ha muerto”, sostienen los diola del Pagny expresando, sin duda, la misma creencia. Por tanto, como bien constata De la Fosse, “parece evidente que esta creencia (en un Ser supremo) es aproximadamente universal entre los negros de África, pero es de orden cosmogónico más que religioso. Admiten que el mundo y los seres que encierra, comprendidos los espíritus, han sido creados por un Ser superior cuya existencia reconocen, pero del que se desinteresan porque no sabrían cómo entrar en relación con Él y porque Él mismo se desinteresa de la suerte de sus criaturas”.

He ahí la gran tragedia de la condición humana.

José Pablo Feinmann, La Filosofia el Barro de la Historia, Ed Planeta, Buenos Aires 2008 p 66

Martin Heidegger, Carta Sobre el Humanismo París, 1946

Cita por: Henri de Lubac, «El origen de la religión», multim edios.org

Winfried Corduan Neighboring Faiths Ed, InterVarsity, Downers Grove, 1998, p. 33 8

Don Richardson Eternity in their Hearts Ed Regal Books, California, 1984

Maurice De la Fosse, J Les Nois de V’Afrique J Ed Payot, París, 1922, P. 153

John Lubbock, J The Origin of Civilization and the Primitive Condition of Man, Ed. Long
mans J London, 1 882

Wilhem Koppers, J Tercera Semana de Etnologia Religiosa, Tilburgo, 1922 Pp 316-328

Ludwig Feuerbach, La Esencia del Cristianismo Ed. Trotta Madrid 2002, pp. 53-54

Pierre Ryckmans, Dominer Pour Servir Ed
.
Albert Dewit Bruselas, 1931, pp. 148-149

Cita por: Henri de Lubac «El origen de la religión» multimedios. org

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: